Por José Mariano.
1. Las gallinas de Eichmann construye una historia posible alrededor de Ricardo Klement, la identidad utilizada por Adolf Eichmann durante sus años en la Argentina, y lo sitúa en La Cocha, Tucumán. ¿Cómo nació la idea de trasladar a Eichmann a ese paisaje y convertir ese episodio imaginario en literatura?
Hacia el 2004 un compañero de la carrera de Filosofía me dijo que su padre había conocido a un nazi en La Cocha –al sur de Tucumán– y que este ingeniero había sido el director de un observatorio astronómico. La historia funcionó para mí como un disparo, tal como lo que le ocurrió al escritor Rodolfo Walsh al oir la frase “hay un fusilado que vive”. La historia –aparentemente delirante– detonó mi apetito de ficción y me impulsó a escribir la primera versión: la incluí como parte de la novela La conferencia de Einstein, publicada por la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad Nacional de Tucumán) en 2007. Unos años después la revista “Acción” de Buenos Aires me encargó un reportaje sobre los años de Eichmann en Tucumán. Entrevisté a una mujer –hija de un alemán que hospedó a Eichmann en La Cocha– y a Eduardo Vela, ex intendente de Concepción –Tucumán–, quien me contó cómo su padre había tratado a Eichmann en Las Estancias (Catamarca). En el 2014 leí y releí el notable e inigualable libro de Bettina Stangneth Eichmann antes de Jerusalén (según su título en alemán). En este libro, la autora revela una faceta desconocida de Eichmann: en Buenos Aires grabó junto a Willem Sassen una defensa cerebral del nazismo y reveló una clara conciencia de su rol como autor de la llamada Solución final (el exterminio de los judíos). Lejos de la supuesta banalidad del mal, postulada por la filósofa Hannah Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén, Stangneth muestra que Eichmann no fue un burócrata ignorante de los crimenes del regimen nazi sino que era totalmente consciente de su rol y estaba orgulloso de ello. Hacia 2013 –más o menos– decidí reescribir la historia que había escrito como parte de la novela La conferencia de Einstein (2007) y así surgió Les poules d’ Eichmann (Editions L’ Harmattan, París, 2026). La estancia de Eichmann en La Cocha no es ficción. Eichmann vivió en La Cocha durante un año en la década de 1950. La novela Les poules d’ Eichmann (traducida por Solana Colombres) quedó guardada en un cajón hasta que el editor Luis Dapelo –director de la colección Hispanoamericana de Editions L’ Harmattan– decidió publicarla en París en 2026. Más adelante, escribí una tercera versión de esta historia en un cuento incluido en el libro Edgardo H. Berg (La Papa, Tucumán, 2022). El cuento se titula “El observatorio” y fue publicado también por revista Socompa y puede leerse en este link: https://socompa.info/lecturas/el-observatorio/
2. La historia está contada por Antonio Soldati, un hombre que admira profundamente a Klement y que interpreta sus silencios, sus gestos y sus ideas sin alcanzar a comprender —o sin querer comprender— quién es realmente. ¿Qué te permitió narrar desde la mirada de alguien que convive con el horror y, al mismo tiempo, lo considera un hombre honrado?
La clave de la novela –para mí– era responder a la pregunta quién narra la historia de un nazi en La Cocha. ¿En la novela narra en primera persona el propio Eichmann? ¿Narra un narrador omnisciente con la distancia del que no interviene en nada? ¿Narra alguien que lo conoció y no quiso ver –o no pudo ver– el horror en carne viva? La mejor opción fue elegir un personaje que lo trató y que vio en él un modelo de humanidad. Esta idea cifra una paradoja y plantea una tensión sobre el modo de tratar con el mal en carne viva. ¿Qué admira en un nazi alguien que lo admira en su condición de buen ciudadano en un pueblo de Tucumán? Antonio Soldati es un personaje de ficción. Sin embargo, refleja la opinión de una mujer –la hija del alemán que hospedó a Eichmann en La Cocha–, quien me dijo que si Eichmann se hubiera quedado en La Cocha la ciudad estaría mejor. ¿Qué significa admirar a un asesino nazi? La novela pone en escena este conflicto.
3. En el libro aparecen de manera persistente la memoria, los archivos, las fotografías, el observatorio y las huellas fragmentarias del pasado. Incluso la escritura avanza mediante escenas breves, silencios y puntos suspensivos. ¿Cómo trabajaste esa relación entre forma, memoria y aquello que un personaje intenta ocultar?
La relación entre horror y vida pública secreta –valga el oximoron– del nazi Adolf Eichmann fue el punto de partida de la novela. El pasado tiene huecos, pozos de sombra, instantes inaccesibles. Me fascina pensar e imaginar qué ocurrió en esos pozos desconocidos del pasado. Escribí para narrar en la ficción una respuesta posible a las preguntas de la realidad: ¿qué pensaron los ciudadanos de La Cocha que lo trataron? ¿Por qué creyeron que era un ingeniero humanitario que miraba las estrellas con la inteligencia de un científico? ¿Cómo se generó la leyenda del observatorio astronómico? Para responder a las incógnitas apelé no sólo a la imaginación sino también a las herramientas de la ficción: creación de escenas, diálogos escuetos, inventé la voz evocativa y melancólica de Antonio Soldati, imaginé las respuestas solemnes y racistas del propio Klement. Intenté, también, recrear el ambiente de los años cincuenta de un pueblo en el sur de Tucumán. La novela pone en escena la cuestión del mal –en un sentido metafísico– y la sitúa en un enclave singular, provincial. De la unión entre lo general metafísico y lo particular provincial surge esta ficción.
4. La edición francesa, publicada por L’Harmattan y traducida por Solana Colombres y Pablo Gruer, reúne Las gallinas de Eichmann con otros relatos breves sobre artistas, escritores y filósofos. ¿Cómo se produjo la publicación en Francia y qué significa para vos que un libro nacido en Tucumán comience a circular entre lectores de otra lengua y otra tradición cultural?
El libro se lee primero en francés y no se lee en español. Es una experiencia paradojal la publicación de Editions L’ Harmattan en París. En francés mi escritura es otra y la misma. No dejo de sentir cierta ajenidad y, a la vez, una hermosa sensación de proximidad con esa lengua que aloja a Marguerite Yourcenar, Marcel Schwob, Delphine De Vigan, Emmanuel Carrére y a mi amigo Philippe Claudel, escritores que admiro profundamente. También dice algo sobre la valoración de la ficción –que escribo– fuera del país en el que resido. ¿Debería pensar que nadie es profeta en su tierra? La cuestión de la lengua propia y ajena pone en cuestión qué significa escribir una historia en una lengua ficcional, qué significa hacer literatura. ¿La traducción es también un acto de invención? ¿Hasta dónde nos pertenecen las historias? ¿Acaso los libros no son de los lectores cuando el libro se publica? ¿Qué pensará sobre La Cocha y el mal un lector de África que lee en francés esta novela?
5. Después de esta publicación en Francia, ¿está prevista una presentación de Les poules d’Eichmann et d’autres récits en Tucumán?
La presentación en Tucumán será el jueves 10 de septiembre de 2026 a las 19.30 hs en la Alianza Francesa de Tucumán. Participan de la presentación el periodista Guillermo MOnti y la traductora y profesora de francés Solana Colombres.
La presentación de Les poules d’ Eichmann en París –Francia– está prevista para el 26 de enero de 2027 en la librería SMD Books y van a participar Maximiliano Sánchez (escritor argentino residente en París) y Elisabeth Megally (actriz y cantante parisina).
