InicioExistenciaInmigrantes emigrantes

Inmigrantes emigrantes

Publicado el

Por Leonor Benedetto. 

Quién llega a un lugar ya se ha alejado de otro. No interesan las causas, importa la condición. Quién deja de amar, emigra, se aleja, aunque sea en pensamiento. 

No es la distancia manifestada en términos convencionales, no son metros o kilómetros lo que expresa lo lejos o lo cerca de aquello que busco, que es distinto de lo que tengo, y que no quiero. Es doloroso emigrar de un amor. Es desgarrante emigrar de una patria. 

Si abandono un amor me llevo libros, ropa, algún regalo, unas fotografías, un cepillo de dientes, y en el alma, un olor, un sonido, una mirada, un recuerdo, un te quiero susurrado hace ya tiempo, una promesa rota, un para siempre. Si es la patria la que expulsa, es una Medea enardecida, la que no quiere o no puede amamantar a sus hijos. Si me quedo me desprecia, si me voy me destierra. 

Pero hay un imposible material: Nadie en la Tierra puede vivir sin tierra. No importa lo que digan los que gobiernan o las leyes: hay un alguien que respira, que ha nacido de un vientre, que ha soñado una existencia, que ha sido bueno, o no lo ha sido, no es mi opinión la que cuenta, lo que mi vida sabe, me lo dijo mi abuela cuando en la infancia insistía en que tenía que ser atenta con los que menos tienen, es que hay alguien perdido en el océano, en una barca frágil, a merced de los vientos, sin brújula, sin agua ni alimento, al que no lo reciben las orillas y se le acaba el tiempo. 

Pero yo ¿qué puedo hacer abuela? Vivo muy lejos, tengo un hogar, comida, amor, y cumplo mis deseos. 

Si te imagino sentada en la cocina, (es invierno y llevas sobre los hombros tu capa azul tejida al crochet por tus manos inquietas, esperando que la cal haga su trabajo sobre el zapallo cortado en cubos que será dulce mañana), tu voz me dice que hay algo que puedo hacer, sin siquiera levantarme de la silla en la que escribo, y es con el pensamiento: no mirarle a tu náufrago aterido el color de la piel, no atribuirle intenciones abyectas ni delitos, no denigrar su historia ni sus dioses, no maldecir su patria, darle, en el corazón, la bienvenida. 

Todos somos inmigrantes en la vida. Yo soy el que se va y el que se queda, el que está en el bote y el que me castiga. 

He vivido en otras tierras, hablado otros idiomas, pero sigo soñando en mi lengua materna. Todos nos creemos distintos, únicos, singulares, y eso es, precisamente, lo que nos hace iguales.

Leonor Benedetto

P/D.1) Según ACNUR al finalizar 2025 había 41,6 millones de refugiados en el mundo.

P/D.2) Según Naciones Unidas la Tierra tiene recursos suficientes para que toda la Humanidad pueda vivir con dignidad.

P/D.3) ¡Oh, abuela!, generosa escultora de infancias felices. Te recuerdo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

El estado de excepción permanente

Por José Mariano. «Soberano es quien decide sobre el estado de excepción.» — Carl Schmitt. Hay cosas...

La paradoja del patrimonio y el mito del deudor eterno

Por Fernando Pérez. El capitalismo contemporáneo invoca la propiedad privada como un valor sagrado, pero...

Un país condenado a elegir

Por Enrico Colombres. “el pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; debe...

La economía de la intemperie

Por León Rozanski. «A largo plazo, todos estaremos muertos.» — John Maynard Keynes La estabilización de una...

Más noticias

El estado de excepción permanente

Por José Mariano. «Soberano es quien decide sobre el estado de excepción.» — Carl Schmitt. Hay cosas...

La paradoja del patrimonio y el mito del deudor eterno

Por Fernando Pérez. El capitalismo contemporáneo invoca la propiedad privada como un valor sagrado, pero...

Un país condenado a elegir

Por Enrico Colombres. “el pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; debe...