Por Daniel Posse.
Fidelia Alba intentó terminar de escribir una larga novela que comenzaba con profundas pasiones y concluiría en meras estadísticas. Crónica de sueños y azar; así la denominó. Su novela era un lugar en el que lo primero que facetó fue el oro y el barro del amor. Lo segundo era una suerte inescrupulosa que volvía concéntricamente a marcar el destino. Esa acumulación de hechos era el habitáculo donde mezcló todas las fantasías, incluso las postergadas por el vivir cotidiano de una mujer que en la decadencia creía poder salvarse. Historia en la que se atrevió a ser reina y prostituta, heroína y traidora, santa e inocente pecadora.
Convencida de que esta era su ópera prima, y quizás la única obra en la cual expandió el alma, comenzó a releer el último capítulo, donde una luna marfil se descolgaba por una ventana y acariciaba el rostro maduro de una mujer sin esperanza. La misma tomó el arma, la puso en la sien y disparó; la sangre salpicó en el espejo y la mujer cayó en el piso moteado de verde, donde no aspiró otra vez. Fidelia había terminado su obra.
*De Sueños y Azar- Nuestra America-2004
