Por Fabián Soberón.
Rondología de la pampa, Maximiliano Sánchez. San Juan
Rondologia de la pampa es una novela en verso, una reescritura inteligente y lúdica del Martin Fierro, de José Hernández. Dividida en capítulos, presenta el diálogo felizmente anacrónico del gaucho Martín Fierro con la crítica Josefina Ludmer, y los escritores Borges, Macedonio Fernández y Juan José Saer.
Josefina “China” Ludmer (la otra/la misma crítica literaria) emprende un viaje al pasado, pero no se queda allí. Luego de un intercambio fructífero con Fierro (pletórico de guiños eruditos y referencias al pasado), asisten a una pulpería, ya que ella tiene una beca y quiere conocer de primera mano la escena originaria de la literatura. En la pulpería, ella y Fierro escuchan los versos de diferentes cantores: el Viejito ciego (Borges), el gaucho Juan José (Saer), Ningunamuno (Macedonio Fernández) y, ya dormido Fierro, el lector asiste a la alocución en cuartetas de un Indio calvo que llegó en un malón acompañado –nada más y nada menos– por el coronel Mansilla.
El libro está estructurado a partir de diversos tonos. El propio Fierro habla en sextinas octosilábicas con un tono que mezcla lo ceremonioso y lo soez: entrelaza vocablos campestres y atrevidos; cuenta el desengaño que sufrió por la traicion de su mujer Rosalía (“Rosalía me ha engañado/ con el Zoilo mi compadre”), y enfrenta la posibilidad de una violación al ver al burro (Elvis) que lo encara con interés cariñoso. El miedo frente al peligro le ayuda a olvidar la depresión por los cuernos de Rosalía (“Recostado boca abajo/ con el burro justo enfrente/ se me pasó de repente/ la depresión teologal…”). En ese momento (Fierro tiene los pantalones abajo) aparece Pancracia y lo salva del albur sexual. Luego, con metáforas propias del universo de Alejandra Pizarnik, despliega la atmósfera melancólica y lúgubre que lo marcó por la infidelidad de Rosalía.
La “china” Ludmer es una especie de mediadora en la tertulia intelectual y mezcla en su habla la jerga académica y la inventiva léxica. Ella piensa el lugar del gaucho en la historia de la literatura y se burla del autor que ha escrito «Radiografía de la pampa”, libro con el que –desde el título– Rondología… establece una parodia humorística y grotesca. El personaje de la “china” Ludmer no se ahorra el improperio al referirse a Martínez Estrada:
…¿Quién se creyó?
¡Viejo choto y amargado!
Gorilón Habana-nado
¡la puta que lo parió!
Juan José es un poeta gaucho –el mejor, según Fierro– que desarrolla una filosofía del lenguaje y brinda una perspectiva poética sobre la naturaleza y la realidad:
Me vuelvo a Colastiné,
pues quiero volver a ver
el río, el amanecer,
la escritura sin lenguaje,
inentendible mensaje,
que igual yo debo entender.
El Viejito ciego (Borges) entrelaza los laberintos y los espejos con la crítica a la oralidad infructuosa de Macedonio: nada que no conozca el fervoroso lector de Borges. El gaucho Ningunamuno (Macedonio) elogia el libro en blanco, el lector salteado y los gestos vanguardistas. Y pronto aparece la revancha: Ningunamuno desafía a Borges y asistimos a una pelea no de cuchillos sino de intelectos; se burla de Borges y reivindica su manera de encarar el mundo y la creación artística:
Prefiero escribir vacías
conferencias no anunciadas,
y no su prosa atigrada,
sus celosías idiotas.
Si se le aburre la chota,
mejor que no escriba nada.
Como ya es una marca en la estética de Sánchez (pueden leer este trabajo en su novela más reciente, Casi nunca jamás), en “Rondología…” leemos la unión de referencias eruditas, lenguaje procaz y burla descarada. El gaucho Ningunamuno denuncia que Borges es poco original y le roba las ideas: “Y no crea que no veo / las ideas que me roba”.
La novela en verso de Sánchez tiene un inicio con la voz del narrador: un extranjero se encuentra en el bar de una ciudad invernal en un país del norte y cuenta que se le aparece la sombra blanca de un gaucho en un escenario insospechado vencido por la nieve. Fierro le cuenta su historia –una versión lateral y opuesta a la del poema Martin Fierro– y con ímpetu inusual discute con Hernández. Se trata de un personaje que busca al autor para desautorizarlo:
No sé quién es el poeta
que escribió sobre mi vida,
pero le digo, querida:
se le volaron los patos;
mi vida desde hace rato
que no puede ser leída.
El narrador es central en la composición de la historia ya que él es el que termina la novela y el que indica cómo se ha conformado el escenario extraordinario en el que se han desarrollado los encuentros y las payadas.
Sospecho que uno de los rasgos más innovadores del libro es la creación de un concierto basado en la anacronía. Con un lenguaje que combina lo serio y lo humorístico, lo soez y lo poético charlan –en un tiempo detenido, en una pulpería– escritores claves de la literatura argentina para rememorar su visión del gaucho y sus hallazgos. Sin embargo, no es ese el único asunto importante. Lo central es el gesto díscolo del autor de presentar una historia en verso, narrada con humor, irreverencia soez, erudición y aliento lúdico.
