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Paz: el estado que no se opone a nada

Publicado el

por Fernando Ayala.

Vivimos persiguiendo la felicidad como si fuera la meta definitiva. Pero ¿qué pasa si lo que buscamos no es realmente lo que necesitamos? ¿Qué pasa si, sin darnos cuenta, estamos detrás de una ilusión?

La felicidad es una emoción. Hermosa, expansiva, deseable. Pero también es fugaz, inestable, dependiente. Tiene un opuesto: la tristeza. Y por eso, como toda emoción, va y viene. Es cíclica, cambiante, vulnerable a lo que ocurre afuera.

En cambio, la paz es otra cosa.  La paz es un estado.  No tiene opuestos.  No necesita que todo esté perfecto para existir.

Podés estar triste y en paz.  Podés estar alegre y en paz.   Podés estar atravesando desafíos… y aun así vivir desde un centro interno que no se rompe.

La paz no es evasión ni negación del dolor. Es, al contrario, una aceptación tan profunda que deja de resistirse. Una entrega sin resignación. Es el silencio que queda cuando dejamos de luchar con lo que es.

Y ahí, en ese estado, empieza la verdadera transformación.  Porque cuando uno está en paz, no reacciona: responde.  No se empuja: elige.  No busca afuera: vuelve a casa.

Entonces… ¿cómo se transita ese camino hacia la paz?

Creo que el camino se transita posicionándonos en los niveles de energía más elevados, como plantea el Dr. David R. Hawkins en su escala de conciencia. Y para eso necesitamos aprender a conectarnos conscientemente a esos estados. No alcanza con que la conexión suceda de forma aleatoria o espontánea, como un Wi-Fi de la calle que se activa por momentos y por default.

Tenemos que aprender a programarnos, como se programan los algoritmos.  Estar sintonizados con intención.  Elegir la frecuencia más elevada.  Y esa frecuencia es, muchas veces, la de la gratitud.

Porque somos energía, vivimos en un universo de energía, y necesitamos saber enchufarnos todos los días a la energía adecuada.  No por reacción.  No por costumbre.  Por elección.

Cuando elegimos vibrar alto, agradecer incluso en la adversidad, y vivir con propósito, la paz ya no es una meta futura: es un estado presente. Uno que no depende de lo que pase afuera, sino de cómo vibramos por dentro.

Porque la verdadera paz no es ausencia de problemas.  Es presencia de conciencia.

 

 

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