por Ian Turowski.
¿Qué dicen las voces de tu cabeza cuando hablan con vos? ¿Cuántas son? ¿Les hacés caso? ¿Son buenas consejeras? ¿O luchás, mártir, para doblegar impulsos destructivos? ¿Conversás con ellas? ¿O te dan órdenes?
Hay una batalla muda que todos libramos. No siempre se nota. No siempre se dice. Pero está ahí. Un murmullo persistente. A veces te levanta, a veces te hunde. Esas voces internas que te recuerdan todo lo que falta, todo lo que no sos, todo lo que deberías haber sido.
Yo crecí cuando me alejé del ruido. Cuando estuve más tiempo conmigo. Aprendí que el sufrimiento, si no se transforma, se vuelve tortura. Esa transformación no es un destino, es un trabajo. Un camino. Aprender a transitar con el dolor de haber perdido, de haber fallado, de no haber entendido, de no haber podido.
Ese mismo tránsito es también el de FUGA. Un espacio que no pide certezas, sino preguntas. Que no vende alivio, pero abre una fisura. Es un cauce, un río que se abre paso sin saber a dónde va, pero con la fuerza de lo que necesita nacer.
No se trata solo del yo. También se trata de vos. De todos. De ese impulso común por no resignarse al cinismo, por no dejarse definir por el afuera. Porque hay algo en nosotros que sigue buscando sentido, incluso entre las ruinas.
Entonces, ¿por qué nos volvemos locos? ¿Por qué convertimos nuestras voces internas en enemigos? ¿Por qué dejamos que nos hablen solo de lo que no tenemos? Del sueldo que no alcanza, del cuerpo que no se ajusta, de la vida que deberíamos tener según los algoritmos. Vanidad del ego. Un ego chiquito y desesperado, que se metió en la intimidad como un virus y nos vació por dentro.
Fuga no es solo un medio. Es un lenguaje. Uno que quiere reactivar lo olvidado. Uno que se atreve a mirar para adentro cuando todo te grita que mires para afuera. Es una redención espiritual que nunca asumimos, porque estamos apurados, estresados o rotos.
No se trata de entender el sentido de la existencia. Se trata de darle sentido a lo que nos pasa. De organizar nuestros propios códigos. De decir con nuestras propias palabras lo que no queremos que otros digan por nosotros.
Fuga es eso. Un idioma que no sabías que hablás. Un fuego antiguo. Una forma de nombrar lo innombrable. De volver a lo esencial. De recordar que menos es más. Que no necesitamos tanto como creemos. Solo necesitamos otra manera de mirar.
Como escribió Nietzsche: “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.”
Y como dijo Jung: “Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.”
Entonces mirá. Pero mirá en serio.
Porque las voces que te habitan pueden destruirte.
O pueden salvarte.

que profundidad mi estimado amigo, un abrazo para ust y gracias por hacernos pensar.
Muchas gracias Catalina por tomarse el momento para leerme abrazo grande
Interesante artículo, llama a.la reflexión
Ian! Muy buenas reflexiones!!! Me tomo el atrevimiento de agregar autores que estaría bueno que los profundices ambos tienen frases muy reflexivas uno es San Agustín que dice «in interiore homine habite Veritas» traduciendo significa en el interior del hombre habita la verdad. También a Heidegger te lo agregaría a tus reflexiones dice que el ser indefendible o sea que no somos algo mutuo o estático y también cuando habla del ser impropio es decir cuando actúa influenciado por los demás!!
Te mandó un abrazo grande!!! Espectaculares tus reflexiones!!
Un texto que no sólo interpela, sino que obliga a detenerse. Nos recuerda que la verdadera batalla no siempre se libra en la calle o en las redes, sino en el territorio íntimo de la mente. “Las voces de adentro” es también un llamado a reconciliarnos con lo que somos, a reconocer que el silencio puede ser un maestro y que, a veces, mirar hacia adentro es el acto más subversivo.
Exelente nota Ian amigo querido la verdad muy buena reflexión