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El desencanto y los abogados del diablo

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Por Facundo Vergara.

Desasosiego, hartazgo y bronca, son algunos sentimientos que cíclica o permanentemente produce la política argentina sobre la ciudadanía. La pasión y el interés por la cosa pública se van degradando y así se ceden espacios que rápidamente son ocupados por otros que, en el mejor de los casos, puede llegar a ser afín a los ideales de uno, pero sabemos que muchas veces no ocurre así. Este acotado cuadro muestra los síntomas de una sociedad cada vez más desilusionada que ve – con motivos fundados – que la política, en sentido general, no da respuestas a sus demandas. Así, cada proceso electoral se constituye en el termómetro que mide la respuesta operativa del gobierno de turno a las demandas sociales; y el electorado, cada vez más volátil, es el jurado que da su veredicto.

El desencanto del electorado 

Al hacer foco en el contexto internacional de los últimos años hemos sido testigos del arribo al poder en países democráticos de una alternancia entre gobiernos con tintes liberales así como socialistas en distintos grados. En tal contexto la volatilidad del electorado se da como consecuencia de la falta de respuesta a sus demandas por quienes detentan el poder político. El historiador y sociólogo francés Pierre Rosanvallon nos dice que si bien un régimen puede ser democrático ya que “el poder sale de las urnas como consecuencia de una competencia abierta” en un Estado de derecho “que reconoce y protege las libertades individuales”, no se gobierna democráticamente. Rosanvallon sostiene que “para los ciudadanos la falta de democracia significa no ser escuchados”, y esto es lo que genera el desencanto y desasosiego contemporáneos. En este contexto de “crisis de representación” como el que vivimos desde hace tiempo en Argentina y el mundo, el electorado se siente abandonado dado que sus demandas, como sociedad, no son escuchadas o resueltas por los gobiernos de turno.

Para graficar este fenómeno analicemos algunos datos recientes; existen diversos estudios al respecto. Uno de ellos a nivel local y que podemos tomar como referencia, es el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora mes a mes la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, cuyo objetivo es medir la evolución de la opinión pública respecto de la labor que desarrolla el gobierno nacional en cinco dimensiones:

  • La imagen o evaluación general del gobierno.
  • La percepción sobre si se gobierna pensando en el bien general o en el de sectores particulares.
  • La eficiencia en la administración del gasto público.
  • La honestidad de los miembros del gobierno.
  • La capacidad del gobierno para resolver los problemas del país.

Al monitorear el comportamiento histórico de este índice nos aporta una idea de cuál es el ánimo de la ciudadanía y explica de alguna manera la volatilidad del electorado.

De acuerdo a lo informado por la Universidad Torcuato Di Tella, el ICG de septiembre 2025 fue de 1,94 puntos, es decir, un nivel que representa una caída del 8,2% respecto del mes anterior. El actual nivel de confianza se ubica en un valor intermedio en comparación con las dos presidencias anteriores: es 31,9% menor que el de septiembre de 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, y 23,1% mayor que el de septiembre de 2021, durante la gestión de Alberto Fernández. En agosto pasado, la medición del ICG fue de 2,12 puntos, nivel que implicó una caída del 13,6% respecto del mes anterior.

Estos vaivenes no son nuevos. Al analizar las fluctuaciones históricas del ICG podemos observar una arritmia permanente, lo que de alguna manera grafica la impericia del aparato político en lograr la estabilidad que pretendemos como sociedad en conjunto.

Los abogados del diablo

En este escenario, donde la sociedad se siente frecuentemente abandonada por sus representantes y donde el desencanto hacia todo lo que tiene que ver con la política se profundiza cada vez más como producto de gobiernos que no encuentran la receta adecuada para consensuar y dar respuestas concretas a las demandas sociales, ubica a los gestores de marketing político en un contexto desafiante a la hora de diseñar estrategias de campaña. A ellos se suman todo tipo de actores, entre profesionales y amateurs, que toman partida tratando de convencer – y en muchos casos tratando de imponer – posturas, defendiendo lo que para muchos es indefendible. Los medios de comunicación y las redes sociales son las plataformas donde diariamente observamos esa dinámica inflexible de defender ideales y acciones de los distintos espacios políticos sin intención de consensuar o discutir críticamente.

En marketing político se trabaja en pos de brindar motivos para movilizar a la ciudadanía a ir a votar, se trabaja para diferenciar a un candidato de otro utilizando las herramientas propias del marketing, ya sea para una campaña de posicionamiento o para una campaña electoral. Como sabemos, no existen recetas precisas que garanticen los  resultados esperados y el escenario argentino se torna cada vez más desafiante. Dos datos relevantes: la participación electoral en Argentina viene en descenso desde el retorno a la democracia (85,6% en las presidenciales de 1983; 76% en el balotaje de 2023); y, más del 50% de la ciudadanía argentina considera que la política no resuelve sus problemas.

La desacreditación reinante hacia todo lo que tiene que ver con la política lleva al profesional en marketing político, al periodista y al amateur que se manifiesta en las redes sociales, a constituirlos como “abogados del diablo” al tratar de torcer o minimizar el ideario de culpabilidad que tiene un candidato por el sólo hecho de estar involucrado o de querer involucrarse en política. Desde hace tiempo, el electorado, constituido en jurado, cuenta con antecedentes suficientes para condenar al candidato. En ese contexto, el estratega de marketing político debe echar mano a todos los recursos de creatividad con que cuenta para lograr el sobreseimiento del candidato, empresa difícil de llevar a cabo dados los antecedentes de nuestra historia política.

La seducción y la manipulación continúan vigentes, “… en el fondo, no se ha inventado nada”, sostiene Rosanvallon al hacer referencia al “Breve manual de campaña electoral” escrito por Quinto Cicerón en el año 64 a.C.

En vista a las próximas elecciones legislativas del 26 de octubre, el electorado argentino, lleno de incertidumbres y con muy pocas certezas, deberá dar su veredicto en las urnas. La argumentación de los candidatos está desacreditada por la ciudadanía, y así, la incidencia tenaz de los diversos abogados del diablo junto a la volatilidad del electorado configuran el escenario de la política en la Argentina actual. La seducción y la manipulación, una vez más, son las vedettes en esta contienda electoral.

 

6 COMENTARIOS

  1. Gracias Facundo por traer este tema a la discusión, coincido y añado que en la medida que las sociedades pierden el pensamiento crítico se vuelven mas decadentes.

  2. Facundo:

    Un buen Análisis.

    La actual franquicia gobernante fue diseñada en las mesas sociológicas del poder.
    Estas mesas, apoyandose en la informacion obtenida de sus plataformas digitales, diseñaron e impusieron
    un presidente en un tiempo récord . Los medios digitales dicen exactamente lo que electorado quiere escuchar.

    Cómo en todo movimiento, en estas franquicias existe una declaración de objetivos «públicos» a presentarse
    al electorado en concordancia con lo obtenido de las plataformas, y otro grupo de objetivos «privados»,
    subyacentes, que constituyen los objetivos reales del emprendimiento. Los puntos de estos objetivos «privados»
    son los que se le piden a Milei lograr..

    Está dualidad entre «enunciados» y «objetivos reales», muchas veces dicotonica y otras veces irrisoriamente
    descarada, es, lamentablemente, un defecto de la esencia misma de la democracia.

    Los objetivos reales de una democracia, deberian ser totalmente funcionales a los enunciados. Sin embargo,
    paradojicamente, esto jamas es asi, y el devenir de los gobiernos y sus acciones, son independientes
    de la voluntad popular.

    La democracia 1.0 (La de los griegos) es un marco Legal y Sociologico, desde todo punta de vista vulnerable
    y obsoletizado por definicion: «el gobierno del pueblo a traves de sus representantes».

    Saludos

  3. Extrañaba compartir revista con usted profe.
    Los escrito de Facundo son increíbles, sus palabras crudas, sus explicaciones certeras, volviste en la mejor de las ediciones, interrumpiendo el 30.

    Beso

    • Muchas gracias por tus comentarios mi querida coequiper. Sin lugar a dudas a seguir interrumpiendo. Felicitaciones al team #FUGA y vamos por muchas ediciones más!!

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