InicioCulturaEl liderazgo que perdimos

El liderazgo que perdimos

Publicado el

Por Javier Habib.

(Basado en un discurso pronunciado en la Legislatura de Tucumán, el 22 Septiembre de 2025)

A comienzos del siglo XX, un señor llamado Enrique de Vedía, entonces director del Colegio Nacional de Buenos Aires, visita Tucumán con el propósito de recabar información para su libro Geografía argentina:      “De todas las ciudades del Norte, Tucumán es la más hermosa, la más adelantada, la más ciudad. Su población desde 1890 se había duplicado, y en la misma proporción ha progresado en todo sentido. El alumbrado público es eléctrico, cuenta con coches de plaza, un servicio de tranvías y teléfonos; posee hospitales, plazas públicas, estaciones de ferrocarril y un magnífico cuartel de bomberos.”   El autor destacaba la limpieza de nuestras calles, la civilidad de nuestros habitantes y los avances en materia educativa: si en 1890 había 127 escuelas, en 1902 ascendían a 240.

A comienzos del siglo XX, todo parecía prometedor en Tucumán. De Tucumán habían salido artistas, intelectuales y políticos de influencia nacional. Baste mencionar a Lola Mora, Juan Bautista Alberdi, y a Roca y Avellaneda. Con el impulso de la “Generación del Centenario”, Tucumán incorporó actividades productivas, infraestructura pública, e instituciones educativas y culturales que todavía dejan frutos. Baste mencionar la industria azucarera, la Universidad Nacional de Tucumán, el teatro San Martín y el Parque 9 de Julio. Tucumán supo ser vanguardia indiscutida del Norte argentino, y atraer estudiantes, trabajadores y profesionales no solo de Salta, Jujuy y Catamarca, sino también de Perú, Bolivia y Paraguay.

Una propuesta liberal-desarrollista

Cuando evocamos esta gloria y orgullo, los tucumanos lo hacemos con nostalgia, como si se tratara de un capítulo cerrado en nuestra historia provincial. Pero ¿por qué esto debe ser así? 

¿Podemos dar continuidad a esa gloria del pasado?

Mi propuesta parte de una lectura poco ortodoxa de nuestro más ilustre prócer tucumano—Juan Bautista Alberdi. 

En mi interpretación, Alberdi no era un liberal en el sentido libertario de entender que el Estado debe limitarse a proteger la propiedad privada y nada más. Alberdi abogó por el liberalismo porque creía que esa teoría política era la que traería desarrollo, riqueza y prosperidad a estas tierras.

Su matiz desarrollista se visibiliza en sus reclamos de fomento a la inmigración, promoción del transporte ferroviario y a una activa diplomacia internacional. 

Me permitiré decirlo, Alberdi era un “liberal-desarrollista”. Liberal, porque confiaba en el poder creativo de la iniciativa privada; y desarrollista, porque su intención no fue que vivamos libremente y ya, sino que transformemos estas tierras desoladas en envidia de las naciones extranjeras. 

Desde esta perspectiva, pero focalizado en el Tucumán de hoy, desarrollaré una propuesta en forma de mensajes: uno dirigido al sector público y otro al sector empresarial.

Al sector público

El sector público debería internalizar en su agenda la misión de implementar lo que denominaré “burocracia de la facilitación”.

En la actualidad, el emprendimiento de cualquier actividad privada (producción, comercialización, enseñanza, venta de servicios, construcción, etc.) requiere de permisos, habilitaciones y conformidades a una maraña de reglamentaciones que en muchos casos parecen copiadas de los países más desarrollados del planeta. 

Pienso en organismos como el Catastro Municipal, la Dirección de Personas Jurídicas, el IPLA y tantos otros. Estas agencias del Estado funcionan como valladares a la iniciativa individual. En lugar de potenciarla, la limitan y aplacan. Mitigan el deseo empresarial.

A diferencia de lo que se propone a nivel nacional de cerrar oficinas públicas y dejar en la calle a empleados del Estado, yo propongo repensar el rol de nuestra burocracia. 

Los órganos técnicos del estado deben ser concebidos como instrumentos de promoción, apoyo, encuentro y estimulación del emprendedurismo. Aquí una lista de funciones y beneficios de una burocracia facilitadora: 

Organizar y proveer información

Orientar al interesado en el uso eficiente y sustentable de recursos

Capacitar recursos humanos

Impulsar y articular encadenamientos productivos

Promover innovación y transferencia tecnológica

Servir de puente con instituciones financieras

Arbitrar entre intereses privados en conflicto

Gestionar riesgos colectivos

Coordinar investigaciones e inversiones estratégicas

Concertar con ministerios relevantes

Una tal resignificación del sector público puede ser mucho mejor para los tucumanos que su llana eliminación. 

Al sector empresarial

Pero claro está que estas plataformas estatales no son suficientes para actualizar el potencial de Tucumán. En paralelo, el sector empresarial debe asumir un rol de agente del progreso. 

En un interesante informe producido para el “Proyecto Aconquija” de la Fundación Federalismo y Libertad, el historiador tucumano Carlos Segura, describe una clara crisis de liderazgo en nuestra sociedad civil.  

Tucumán vivió un momento de esplendor durante la “Generación del Centenario”, con la industria azucarera como motor económico, y un rol cultural destacado en la región. Sin embargo, desde el “industricidio” de los once ingenios en 1966, las elites económicas no lograron recuperar su rol de protagonistas del desarrollo económico, social y cultural de la provincia. 

Segura plantea que Tucumán necesita una renovada clase dirigente y una esperanzadora narrativa de futuro; un horizonte que movilice las energías sociales hacia un Tucumán del siglo XXI.

Una más precisa radiografía del paralizado sector privado puede leerse en el informe para el mismo “Proyecto Aconquija” del dirigente empresarial Máximo Bulacio. Bulacio describe una cultura empresarial abigarrada, con liderazgos dominados por el miedo, la desconfianza, el oportunismo y la falta de cooperación. 

Además, observa resistencia al cambio y falta de diversificación, con una oferta poco adaptada a las nuevas tendencias de consumo mundial. 

En mi libro Una propuesta para el gobierno provincial: pragmatismo político, derecho liberal y filosofía aristotélica, argumenté que el liberalismo no funciona sólo con reglas de propiedad. Esas reglas necesitan de individuos con virtudes liberales. El individuo liberal no es uno que crea fortuna con recursos facilistas; es alguien que cultiva el pensamiento crítico, asume riesgos, trabaja duro y ama la civilización. 

En Tucumán supimos tener empresarios que cultivaban ese ethos liberal. No compraban y vendían productos importados, sino que inventaban industrias pesadas donde no las había. Sólo en sociedades pobladas por individuos como estos es que el liberalismo puede echar raíces y dar frutos.

Cuatro casos para el desarrollo

Terminaré con cuatro ejemplos sobre cómo la sinergia entre un sector público facilitador y un empresariado valiente y virtuoso podría impulsar el desarrollo en Tucumán.

El primer ejemplo trata sobre la actividad agropecuaria; el segundo sobre nuestra urbanidad; el tercero toca el tema de energía; y el último versa sobre el mercado del arte.

Todos los casos son tomados de informes escritos por profesionales para el “Proyecto Aconquija” de la Fundación Federalismo y Libertad.

1. Erogaciones totalmente innecesarias

En su informe dedicado al estado de la actividad agropecuaria en Tucumán, el ingeniero Roberto Sopena advierte que la Provincia padece una balanza comercial negativa en materia ganadera. Más específicamente, de toda la carne que consumimos los tucumanos, unas 270 mil cabezas de ganado provienen de otras provincias. 

Para dimensionar los efectos perniciosos de este desequilibrio, Sopena argumenta que un equivalente al 45% del dinero que nos ingresa de nuestra exportación citrícola es erogado en “importación” de carne a otras regiones productoras del país. 

En este contexto me pregunto, ¿qué están haciendo los políticos y empresarios que no se ponen de acuerdo para revertir esta catástrofe? ¿Cómo es posible que, contando con tantos organismos, empleados y normas de derecho provincial, ocurra esto con algo tan básico y fácil para un argentino como la cría de ganado? 

Una burocracia facilitadora debería tener por misión persuadir al empresariado local de producir los bienes que importamos para que el dinero que ingresa de las exportaciones pueda ser reutilizado en la provincia.

2. Decadencia en la ciudad de San Miguel de Tucumán 

En los últimos 40 años, la ciudad de San Miguel de Tucumán tendió a expandirse, primero hacia el Municipio de Yerba Buena, y luego hacia San Pablo, aumentando la denominada “mancha urbana”. En este proceso de dispersión, la ciudad de San Miguel de Tucumán, que era el lugar donde históricamente se desarrollaba el comercio, la recreación y la educación, ha quedado progresivamente desolada y desaprovechada.

¿Por qué nos ha pasado esto? 

En su informe sobre desarrollo urbano en la provincia, Ezequiel Coletti revela pistas que resuenan con el diagnóstico recién enunciado. Por un lado, parálisis del sector público (nuestro Código de Planeamiento Urbano está desactualizado) y, por otro lado, actividad privada sin visión (el negocio es construir desordenadamente barrios cerrados que profundizan la fragmentación espacial y social).

¡Debemos repensar nuestra ciudad de San Miguel de Tucumán! 

¿Cómo es posible que, con una Facultad de Arquitectura y Urbanismo, con una DAU, un Colegio de Arquitectos, Catastros, Cámaras de la Construcción, etc. etc. etc., no tengamos plan maestro para revertir la situación horrible que se vive en esta ciudad tan llena de potencia? 

Todo cambiaria con un solo concierto entre organismos estatales facilitadores y empresarios con deseo de dejar algún legado de virtud en la ciudad.

3. El problema eléctrico

Tucumán paga una energía cara y sufre cortes y limitaciones al suministro eléctrico. Esto ocurre en una geografía en la que abundan recursos hídricos, solares y biomásicos. 

¿Por qué no aprovechamos de estos recursos? 

La respuesta del especialista en mercados de energía Santiago Yanotti es consecuente con lo que venimos diciendo: La provincia no ha logrado atraer inversiones privadas por carecer de una regulación energética consistente y de largo plazo. 

Ejemplo de ello es que Tucumán no ha reglamentado su adhesión a la Ley 27424, de RÉGIMEN DE FOMENTO A LA GENERACIÓN DISTRIBUIDA DE ENERGÍA RENOVABLE INTEGRADA A LA RED ELÉCTRICA PÚBLICA. Yanotti argumenta que, con una reglamentación inteligente de esta normativa, Tucumán podría atraer inversiones por hasta 800 millones de dólares, destinadas a ampliar el potencial hidroeléctrico provincial, desarrollar proyectos de energía solar en los valles y áreas urbanas, y consolidar un mercado de la biomasa. 

Esta sinergia entre el sector público y privado no solo redundaría en creación de miles de empleos, sino que además permitiría transformar los actuales residuos industriales (contaminación) en bienes de intercambio con otras provincias.

4. Mercado del arte

Terminemos con un tema que puede llegar a sonar exótico, pero que es quizás el más interesante. 

El arte es, por antonomasia, una actividad privada. Un artista (el productor) realiza una obra (el bien) que puede obtener valor pecuniario en un mercado. La obra obtiene valor cuando alguien paga dinero por ella en una compraventa. Si una persona X adquiere un cuadro de un estudiante de nuestra Facultad de Artes por 10 millones de dólares, ese estudiante puede—con total legitimidad—decir que su obra vale 10 millones de dólares. Pero, aunque las compras espontaneas pueden suceder (y de hecho suceden todo el tiempo), el mercado ha desarrollado instituciones que facilitan la exposición y valorización de obras. Una de esas instituciones es el museo de arte contemporáneo.

En una entrevista al marchante tucumano Segundo Ramos—publicada en Fuga del 27 de junio de 2025—quien escribe estas líneas preguntaba, “Segundo: ¿cómo hacemos para potenciar el mercado del arte en Tucumán?” Y la respuesta de Segundo fue contundente: “la Provincia tiene que fundar un museo de arte contemporáneo”. 

La lógica es la siguiente. Cuando un artista gana espacio en el museo, su obra obtiene legitimación, sin que los coleccionistas hayan tenido que adquirir su obra. Podríamos hacer miles de críticas a este sistema de asignación de valor. Pero los efectos positivos en un contexto como el tucumano están a la vista: 

Tucumán tiene una robusta Facultad de Artes, galeristas muy profesionales, grandes maestros, artistas contemporáneos y artistas emergentes; Tucumán tiene un Ente de Cultura; y tiene algo de turismo. El hecho de que Tucumán funde un emblemático museo de arte contemporáneo haría que la obra de los artistas tucumanos obtenga valor y exposición inmediata. El turista que mira un cuadro expuesto en el museo inmediatamente sabe que esa obra tiene valor garantizado. Sus incentivos de llevarse una obra tucumana crecen porque sabe que además de llevarse algo que le gusta, se lleva algo que tiene valor de mercado.

Lo mismo puede decírsele a un empresario que quiera refinar la clase de sus lujos.

Ante la lamentable carencia de una elite económica culta con deseos de trascendencia suficiente como para fundar con su dinero un museo en la provincia (se piense en el caso de Costantini en Buenos Aires) no es otro sino el Estado provincial quien debe dar el primer paso. Tal acción estatal no consistiría en “asistencialismo” para artistas. No. Un museo de arte contemporáneo funcionaría como una plataforma de mercado que permita, a los artistas, mediante su propio esfuerzo, conferir valor a su producción individual.

 

1 COMENTARIO

  1. Recuperar el espíritu de Alberdi no tanto como consigna, sino más como ética del progreso, donde la libertad se mide por la capacidad de transformar. Muy buena invitación a pensar el futuro de Tucumán no desde la nostalgia del esplendor perdido, sino desde la responsabilidad y deber de recrearlo. Los pasos a seguir parecen estar encaminados en este lúcido texto.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

Manifiesto

Por José Mariano.  Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa...

El desmantelamiento de los derechos en Argentina

Por Daniel Posse.  Reformar no es solo cambiar las formas, es vaciarlas de contenido hasta...

Alegato cívico

Por Enrico Colombres.  La peor forma de dominación es aquella que se ejerce con el...

Cambiar para que nada cambie, el bucle del día de la marmota

Por Nadima Pecci. Hace unos días presentamos, junto con la Fundación Federalismo y Libertad y...

Más noticias

Manifiesto

Por José Mariano.  Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa...

El desmantelamiento de los derechos en Argentina

Por Daniel Posse.  Reformar no es solo cambiar las formas, es vaciarlas de contenido hasta...

Alegato cívico

Por Enrico Colombres.  La peor forma de dominación es aquella que se ejerce con el...