La Lanza

Publicado el

Por Daniel Posse.

Del libro Textos Enajenados.

La punta todavía conserva la agudeza y el desafío a la carne. Quizá ha perdido su filo, su encumbrada figura, que inclinada o de pie invocaba los miedos y las certezas. Fue forjada en el bronce rústico de la fragua de piedra de un artesano, que intentaba hacer un arma y terminó construyendo un símbolo que se adentró en la memoria. Luis comprendió, al seguir mirándola, que ella determinó tiempos y formas, elección de dioses y de rituales. Razas y poder, política y cultura.

La vitrina seguía ahí como un escudo transparente, que evidenciaba el cuerpo alargado de una madera incierta para sus ojos. El bronce de la punta no brillaba; quizá algún día fue amarillo. Hoy el verde de la vejez y del tiempo la cubren.

Luis Ramírez pensó que en sus apenas quince años el pasado se pierde, pero que la reinvención de la memoria lo reinventa. Hasta le pareció una audacia hacerlo. Estiró la mano y expandió la palma sobre el cuerpo lateral del vidrio. También pensó en la vitalidad de esa lanza, de sus tiempos de vigor y filo. Pensó que quizá ella tuvo otro destino, pero que de alguna forma seguía estando ahí, no se había desmoronado con el paso de los siglos y de las luchas, como tantas otras.

Asumió, casi sin preguntarse, que ella habría salvado vidas y también las quitó. Trató de adivinar si todavía conservaba su filo. Se preguntó cómo habrá sido el trabajo del artesano que la hizo, porque sabía que en estas tierras los pueblos originarios no conocían el hierro, así que no tenían herreros.

Miró hacia afuera, a través del vidrio de una ventana, y pudo ver el perfil arenoso del cerro, tan cerca que parecía poder tocarlo. La mañana surgía intrépida pero lánguida. Las paredes de piedra denunciaban, a pesar del tiempo, la ciudadela, las casas, los muros, los corrales, que trepaban como una telaraña la ladera de la montaña, hasta encumbrarse en un pucará, desde donde se veía todo el valle.

Luis siguió con la mirada los caminos de las ruinas, por un instante creyó verse dentro, siendo parte. Volvió hacia la sala del museo. Sintió una tracción magnética por la vitrina de las armas; quizás si hubiera vivido en esa época sería un guerrero. Quizá lo fue.

Quizá su sangre era parte de la estirpe que construyó ese pueblo. Quizá en otra vida, si la tuvo, fue uno de los que empuñó esa lanza. Uno que la tomó con sus manos y dio golpes, cortes y estocadas. Pensarlo lo llenó de un vigor primitivo y a la vez pegajoso. Quizá derramó sangre y derramó la suya también. Quizá dio, buscó, entregó y desafió a la muerte; después, encontró el reposo eterno. Estaba asombrado por la infinidad de posibilidades que aparecieron en su mente.

La maestra lo llamó. Pronunció su nombre. En ese acto se sintió precario, desposeído. Los nombres son marcas que denuncian historias, que contienen símbolos y estrategias de una guerra que no fue al azar, y a la vez fue determinante.

No entendía lo que era el mestizaje, pero lo sentía. Lo sentía en su piel, en sus rasgos, en la luz de su mirada. Lo sentía en el vivir hacinado en la Villa, en la escasez de lo pródigo, en el destino resignado de ser pobre, y solo profesar el oficio de una escuela pública, que había logrado sacarlo en un viaje a conocer los valles y las montañas. En ese conocer sintió que se encontró a sí mismo. Sintió que había una historia perdida, pero que la lanza, no el arma en sí, poseía un significado. Había despertado en él el coraje inexperto, de querer saber y ser parte.

Luis está seguro ahora que defenderse y defender a los suyos es revivir la historia. Que su linaje era de héroes y no solo de tumbas. Que el olvido se diluye, que muchas veces es necesario inventar mitologías para reinventarse. Que su mestizaje es una marca que no se disipa, que termina siendo un escudo que cabalga en su alma. Que sus linajes no lo niegan. Que la negación es parte de la conquista. Que su territorio es el ahora, y también el ayer, sobre todo el futuro. Que hay una parte que se reivindica, no solo desde los genes, sino desde la voz y la palabra.

Encendió el teléfono, acomodó sus auriculares, cerró los ojos al compás de una música estridente, que también era parte del eco de su mezcla. Soñó despierto con la lanza.

19 COMENTARIOS

  1. Esto me recuerda que el pasado no es un adorno ni un tiempo verbal, es una herencia que nos atraviesa y nos obliga a pensar quiénes somos y qué hacemos con esa memoria ahora.

    • Un texto excelente que conjuga el valor de las raíces y avizora que el futuro se nutre de esa sabiduría profunda que nos han legado. ¡Felicitaciones, Daniel, por tu trabajo!

  2. Realmente un bellísimo texto que aborda lo valioso de la Memoria,de no olvidar jamás de dónde venimos ,será vital para saber adónde vamos . Simplemente hermoso ,fresco con un mensaje claro y preciso . felicitaciones querido y admirado.Daniel E.Posse

  3. Mi querido Daniel
    Leerte me hace pensar en los orígenes, también en la genética.
    Personalmente me interrogó sobre el pasado e imagino a mis ancestros allá, lejos, detrás del «charco» algunos, otros de este lado, quizás con lanzas como la de los antepasados de muchos Luises…
    Leerte también me lleva a pensar en vos autor y porque no? Vos protagonista…
    Espero pronto poder leer » Textos enajenados»
    Un abrazo.

    • Mí querido amigo, no hay palabras para decir lo maravilloso de tu cuento, como sumergis al lector, a la magia ✨ tu escritura.
      Gracias por compartirlo y x más éxitos 💪🏻

  4. Inteligente manera de llevar al personaje desde un inocente viaje escolar a un viaje de conocimientos ancestrales. Recuperar la propia historia, reconocerla y crecer con ella, es una preciosa manera de hablarnos sobre la importancia de saber quiénes realmente somos. Excelente texto, de una gran riqueza en su aparente sencillez, Daniel.

  5. Tremendo cuento. Es increible cómo hay objetos que nos movilizan y tal vez tengan que ver con vidas pasadas.Linajes que no debemos negar. El cuento es hermoso en su hechura y valioso en su mensaje..Un cuento que no concluye en su punto final sino que al terminar de leerlo, lejos de desintegrarse toma vida con multiples rostros y elementos.

  6. Tu personaje, pese al teléfono, a los auriculares y a la modernidad que lo atraviesa, pasa por las experiencias de la vida atento y con los ojos bien abiertos, se interroga sobre lo que observa y así irá construyendo su identidad sin renegar de sus orígenes. Es esperanzador, bella historia.

  7. La memoria y la conciencia van de la mano, y se mantienen encendidas mutuamente, de ahí nacen la esperanza y la fé, en los tiempos aciagos que a veces nos toca transitar. Hermoso relato de un posible momento de experiencia profunda en el ser humano, transformadora, gracias Daniel.

  8. Daniel, claro que si defender lo nuestro es parte de nuestra esencia, resalta los valores, raíces por el cual forjaron, sinceridades, contrastes e historias que van más allá de la historia.
    Luis está seguro ahora que defenderse y defender a los suyos es revivir la historia.
    Precioso pasaje para considerarlo un legado. Muy buena Columna. Felicidades.

  9. El relato me lleva, mientras tomo la cucharilla para el desayuno tardío del sábado, a ser un Luis Ramírez y preguntarme y maravillarme de lo que soy y fueron mis ancestros: héroes, luchadores, navegantes, españoles y naturales. Sobre héroes y tumbas de Sábato escrito en el conurbano, o sobre un pucará de Tilcara. Quizás soy más culpable que Luis por tener algo más de tres veces quince años y seguir haciéndolo, quizás más inocente que él.
    Este adelanto de Textos Enajenados, consigue llevarme al mito sencillo del propio ser. Y entonces hay más sol, es más sábado. ¡Gracias!

  10. Quiero felicitarte sinceramente por La Lanza. Es un texto profundamente evocador, que logra conectar la memoria, la historia y la identidad a través de un objeto cargado de simbolismo. La forma en que el relato enlaza el pasado con la reflexión íntima del protagonista es sutil, sensible y muy bien lograda.
    Una lectura que invita a pensar, a sentir y a mirar la historia desde un lugar humano y cercano. Mis felicitaciones por este trabajo tan bien construido.

  11. Testimonial relato de una gran pluma.Me quedo con una frase qu todo lo dice…:Que su linaje era de héroes y no solo de tumbas.
    Felicitaciones Daniel Posse

  12. Leyendo mientras vuelvo del trabajo, me quedé pensando en que, de todo lo que vino a mi mente, te compartiría. Que importante es mirar como miró Luis, en los museos no hay solo objetos, esas reliquias cuentan una historia, de quienes ya no están pero que se afanaron en su vivir, cada uno a su manera. Los museos son un túnel del tiempo, un despertar de memorias olvidadas

  13. Hermosa narración. Impacta, sacude y acerca al paisaje ancestral, a través de la punta de lanza. Cada palabra enlaza y hace imaginar al lector tal como al protagonista. Son las raíces que lo llevan hacia atrás al tiempo y la memoria de quien es parte de su sangre. Excelente historia, bien narrada, nos hace esperar con ansias muchas otras que no dudo, serán de idéntica calidad. Un abrazo inmenso!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

Manifiesto

Por José Mariano.  Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa...

El desmantelamiento de los derechos en Argentina

Por Daniel Posse.  Reformar no es solo cambiar las formas, es vaciarlas de contenido hasta...

Alegato cívico

Por Enrico Colombres.  La peor forma de dominación es aquella que se ejerce con el...

Cambiar para que nada cambie, el bucle del día de la marmota

Por Nadima Pecci. Hace unos días presentamos, junto con la Fundación Federalismo y Libertad y...

Más noticias

Manifiesto

Por José Mariano.  Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa...

El desmantelamiento de los derechos en Argentina

Por Daniel Posse.  Reformar no es solo cambiar las formas, es vaciarlas de contenido hasta...

Alegato cívico

Por Enrico Colombres.  La peor forma de dominación es aquella que se ejerce con el...