Por Catalina Lonac.
El mundo se hace pedazos, y con él la democracia. Estamos en un momento de tsunami universal donde nada tiene valor… donde nada tiene peso específico. Las leyes no se cumplen, los semáforos no se respetan, los gobernantes son fetiches, las bombas tiran como fuegos artificiales…
Los hijos no escuchan a sus padres, los alumnos no respetan a sus maestros, la lealtad, la dignidad y la confianza no existen más. La angustia se ha apoderado de la humanidad, cuando no la muerte.
En este contexto, la democracia es solo un término acuñado por los griegos hace siglos y que fuimos tratando de aplicar a los tumbos, a como dé lugar, “porque había un sistema mejor”. Pues hoy es el sistema peor. Para ser más concreta: no existe más.
Queremos aferrarnos a él solo por el miedo que produce el cambio en un ser humano, pero si seguimos en esa tradición seremos tragados en algún agujero negro del universo —si no lo fuimos ya—.
La tecnología avanza tan rápidamente que se atreve a sacarnos la lengua desde lejos, mientras los seres humanos seguimos anclados, viejos, obsoletos, quietos, mirando cómo un grupo de pícaros nos convierte en tan poca cosa que nos sentimos atrapados en una tela de araña sin saber muy bien qué hacer.
Hemos perdido la inventiva —¿o es que solo los griegos la tenían?—. No tenemos poder de reacción, mientras desde un podio nos hablan desfachatadamente en nombre del pueblo. El pueblo…… Esa entelequia de la que todos y ninguno forman parte.
Y los escuchamos, azotados, comentando en los bares “la barbaridad” que dijo fulano o mengano.
¿Es que acaso perdimos el cerebro y la sangre?, ¿es que acaso el ímpetu nos ha abandonado?, ¿así queremos vivir? YO NO.
Por eso hoy me atrevo a decir con todas las letras que la democracia es una mentira detrás de la cual se esconde un sistema perverso que nos ataca, no nos cuida, no nos alimenta. No les importamos.
Hoy ser político se ha convertido en una profesión y esa profesión —sin estudiar nada— se ha vuelto hereditaria. Yo la rechazo enfáticamente. ¿Rebeldía quizás? No, disrupción, y ganas de vivir dignamente como alguien con cerebro, donde las neuronas hacen sinapsis permanentemente.
No le debemos nada a esta democracia, ella nos debe!!!
Somos todos esclavos por comodidad, por no creer que otra cosa y otro mundo pueden existir, pero lo debemos construir nosotros….. EL PUEBLO. Porque todos lo somos, no solo los hambrientos por obra y gracia de ladrones sin virtud alguna que muestran sus riquezas sin pudor.
Podría hablar de tantos con nombre y apellido, pero prefiero escribir esta nota desde lo holístico del asunto. Porque todos somos culpables.
Entonces comencemos a sacarnos nuestra culpabilidad pensando de otro modo, creando, rechazando….
Esto trae a mi cabeza la famosa frase de Friedrich Nietzsche:
“el esclavo quita el látigo a su amo y comienza a darse latigazos para sentirse amo”.
Nosotros rompamos esa actitud y no nos demos latigazos…. Despertemos en un despertar creativo y decidido.
Por mi parte voy a sacarme la culpa de la quietud, saliéndome de la estructura de estas cadenas modernas, proponiendo un nuevo modo de conducirnos, porque repito: LA DEMOCRACIA NO EXISTE.
La división de poderes es un eufemismo que se resuelve con dádivas y los jueces responden a quien los ungió como tales. Dependemos de un poder único e irreverente que nos mantiene en el peor de los yugos porque no quiere que pensemos.
Debemos darnos cuenta de que ellos tienen más miedo que nosotros, por eso nos quieren ignorantes. Están aterrorizados. Están paranoicos, a tal punto que inventan guerras para poder hacer que nada cambie, pero….. cuando nos maten a todos, ¿a quién robarán?, ¿quién trabajará para que ellos, con el producido de nuestro trabajo, sean omnipotentes?
Como advierto eso, llamo a la rebelión del pensamiento, porque los pocos ilustrados que quedamos somos cómplices de esta atrocidad.
Invito a inventar un nuevo sistema, no de gobierno, sino de orden, para poder vivir dignamente y que cada uno tenga lo suyo.
No quiero alguien que me “gobierne”, yo me gobierno sola. Quiero alguien que nos administre como sociedad, que sepa cómo cuidarnos.
Propongo un nuevo sistema que no esté basado en una jerarquía espantosa, sino en el saber hacer de un grupo de personas. No necesitamos tantas como tiene hoy la democracia con su empleo-manía.
Propongo un sistema que sepa crear la riqueza suficiente para que todos vivamos mejor. Con pocas reglas que se cumplan de verdad. Sin tanta pompa y circunstancia.
No es difícil, se puede.
Basta de partidos políticos, basta de estructuras que se caen de a pedazos.
Volvamos a lo simple y démosle una muerte digna a la anciana democracia.
