InicioCómo te la cuentanLa comprensión ilustrada

La comprensión ilustrada

Publicado el

Por Facundo Vergara.

Los gobiernos democráticos no se sostienen sólo con el voto popular. La elección de nuestros representantes es una parte del proceso. Un factor indispensable para que el sistema funcione aceitadamente y se fortalezca, es lo que el politólogo Robert A. Dahl llamó “comprensión ilustrada”, concepto que involucra a la ciudadanía en tanto debe contar con información suficiente, diversa y confiable. Dahl lo consideró uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia real. 

Actualmente, no tan sólo en nuestro país, este principio enfrenta un gran desafío dado nunca hubo tanto acceso a la información, pero tampoco tanta dificultad para distinguir qué es verdadero, qué es falso y qué es malintencionado. 

Hoy millones de personas se informan día a día a través de diversos canales. Medios tradicionales, portales digitales y, sobre todo, redes sociales, son las plataformas informativas con que cuentan las sociedades. 

Desde la óptica de Dahl, a primera vista, esto parecería fortalecer la democracia ya que amplía las voces y democratiza el acceso a la información, pero a su vez, esta abundancia desmedida tiene su lado oscuro. 

El problema central ya no es la falta de información, sino su calidad y sus fuentes. La desinformación se propaga rápidamente, muchas veces impulsada por algoritmos que priorizan el contenido emocional o polémico por sobre lo que se puede verificar. A su vez, los medios y usuarios tienden a consumir y compartir aquello que confirma sus propias creencias. Así, el sesgo de confirmación genera burbujas informativas que reducen el diálogo y refuerzan las divisiones.

Grafiquemos esto con los hechos que se sucedieron esta semana en torno a los reclamos de la comunidad universitaria. 

Por un lado, quienes reclaman, exigen un mayor presupuesto para actualizar los salarios del personal docente y no docente –por cierto muy desfasados ante la pérdida del poder adquisitivo- así como para afrontar los gastos de funcionamiento general de las universidades públicas. 

Por su parte, el Gobierno sostiene que el conflicto tiene tintes políticos y exige mayor transparencia y eficiencia en la utilización de los recursos públicos. La “administración Milei” reclama auditorías y sostiene que su disputa no es contra la educación pública, sino contra la falta de rendición de cuentas. Para el Gobierno central los reclamos son impulsados por sectores de la oposición y sindicatos que buscan desestabilizar su gestión. En este contexto, la posibilidad de formar una opinión crítica se ve seriamente limitada. Muchos medios de comunicación expusieron manifestaciones de personajes que nada tienen que ver con la gestión universitaria reclamando cuestiones totalmente alejadas del foco de conflicto. Es sabido también que actualmente resulta sencillo crear una cuenta en cualquier red social así como abrir un portal web de noticias, cosa que es aprovechada por diversos sectores -partidarios y no partidarios del gobierno central- para llevar adelante campañas informativas según sus propios intereses.

Tal exceso de información -o desinformación-, tal puja, trae aparejada consecuencias que vulneran la democracia en nuestro país. Si los ciudadanos toman decisiones basadas en información incompleta o distorsionada, el sistema pierde calidad y se desestabiliza. Una ciudadanía que está mal informada la hace más vulnerable a la manipulación política. Desde la perspectiva de Robert Dahl, esto implica un deterioro directo de la democracia. Sin “comprensión ilustrada”, los demás elementos que sustentan una democracia real -elecciones libres, limpias y periódicas; libertad de expresión; derecho a crear organizaciones y partidos políticos e instituciones que dependan del voto popular- pierden efectividad. 

En nuestra Argentina actual, donde la estabilización y despegue económico es un factor demandado urgentemente por la sociedad y donde la desconfianza hacia el aparato político en muy grande, la tensión del sistema democrático sigue latente. El problema del acceso a la información –o repito, a la desinformación- le agrega una capa adicional de fragilidad. 

Hoy más que nunca necesitamos una ciudadanía que sea capaz de analizar, contrastar y evaluar críticamente lo que consume. La información que circula es cada vez más confusa, fragmentada y manipulable. Según Dahl, estas condiciones hacen que la democracia pierda calidad y puede llevarla a que se transforme en un sistema sólo formal, pero no verdaderamente democrático.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

Sincronicidad

Por José Mariano. Durante mucho tiempo muchos creímos que estábamos solos. Y no hablo de...

La deuda histórica

Por Fernando Crivelli Posse. “Nada va bien en un sistema político en el que las...

Democracia Colonial

Por Enrico Colombres. Hay palabras que con el tiempo se vacían de sentido. Se repiten...

Anatomía de un sacrificio selectivo

Por Fernando Pérez. La dialéctica oficialista ha logrado, con una destreza comunicacional digna de estudio,...

Más noticias

Sincronicidad

Por José Mariano. Durante mucho tiempo muchos creímos que estábamos solos. Y no hablo de...

La deuda histórica

Por Fernando Crivelli Posse. “Nada va bien en un sistema político en el que las...

Democracia Colonial

Por Enrico Colombres. Hay palabras que con el tiempo se vacían de sentido. Se repiten...