Sincronicidad

Publicado el

Por José Mariano.

Durante mucho tiempo muchos creímos que estábamos solos. Y no hablo de sentirse incomprendido. Hablo de otra cosa. De mirar alrededor y tener esa sensación de que algo no cierra y que sos el único que lo ve. Situaciones raras. Cosas que todos aceptaban sin preguntar demasiado. Decisiones absurdas. Modos de vivir que parecían vacíos. Y aun así seguíamos.

Porque se sigue. Uno aprende rápido eso.

Nadie te lo enseña de frente. Lo entendés solo. Entendés cuándo hablar. Cuándo callarte. Cuándo conviene mirar para otro lado. A veces alcanza una cara, un silencio incómodo, algo que no avanza nunca. Después ya está. Te adaptás.

Y seguís incluso cuando algo adentro empieza a hacer ruido.

Porque frenar tiene costo. Porque cansarse también tiene costo. Porque alrededor todos parecen seguir igual y uno termina pensando que el problema es propio. Que tal vez exagera. Que tal vez siempre fue así.

Entonces seguís.

Y mientras seguís, te separás de los otros sin darte cuenta. Todo empuja a eso. La política. Las redes. La lógica de elegir un bando para cualquier cosa. Como si todo tuviera que resolverse entre posiciones cerradas que cambian según la conveniencia del momento. La gente defiende cosas que mañana abandona sin problema. Da igual. Ya nadie espera coherencia.

Y justo ahí algo se rompe. 

No hablo de un acuerdo social. Eso viene roto hace rato. Hablo de algo más básico. La posibilidad de reconocerse en el otro. De sentir que hay una experiencia compartida.

Porque además vivimos encerrados en nosotros mismos. Todo está armado para eso. Tu pantalla. Tu algoritmo. Tus tiempos. Tus consumos. Tu opinión. Tu enojo. Todo personalizado. Todo separado. Y al final uno termina rodeado de información pero cada vez más lejos de los demás.

Por eso muchos terminamos creyendo que estábamos solos. No era paranoia. Era la forma en que estaba organizado todo. Pero llega un momento donde algo empieza a fallar.

A veces es una pavada. Una conversación. Un cansancio raro. Una situación que antes tolerabas y de golpe ya no. Algo se mueve. Empezás a pensar distinto. No mucho. Apenas un poco. Pero alcanza para que ciertas cosas empiecen a verse distintas.

Y después descubrís algo. No eras el único.

Y ahí cambia todo.

Porque cuando empezás a encontrar personas que llegaron a lugares parecidos sin haberse puesto de acuerdo, ya no alcanza la idea de casualidad. Hay algo más pasando ahí. Algo difícil de explicar pero muy fácil de sentir.

Carl Jung hablaba de eso cuando hablaba de sincronicidad. Y no, no era una coincidencia mística para vender frases en internet. Hablaba de momentos donde distintas cosas se cruzan y producen sentido aunque no exista una causa clara que las una. Algo aparece. Algo irrumpe. Y después cuesta volver a mirar la realidad igual que antes.

Hoy vivimos rodeados de conexiones falsas. Todo parece conectado. El algoritmo te adivina lo que querés consumir, lo que pensás, lo que vas a mirar después. Pero eso no tiene nada de profundo. Apenas te devuelve una versión repetida de vos mismo.

La sincronicidad es otra cosa.

Te desacomoda. Rompe una continuidad. Te obliga a prestar atención.

Y creo que algo de eso está pasando ahora.

Porque hay cosas que empiezan a aparecer al mismo tiempo en muchos lugares. Personas distintas llegando a preguntas parecidas. Gente cansada del mismo vacío. Del mismo cinismo. De la misma forma de vivir anestesiados mientras todo alrededor se cae a pedazos y seguimos actuando como si fuera normal.

Tal vez por eso vuelve cierta rebeldía.

Pero no esa rebeldía hecha para mostrarse. No el personaje que necesita escandalizar cada cinco minutos para sentirse vivo. Hablo de otra cosa. Algo más callado. Más difícil de controlar.

Los obedientes nunca cambiaron el mundo.

Se adaptan. Sobreviven. Aprenden a moverse dentro de lo permitido.

Pero hay personas que en algún momento ya no pueden seguir fingiendo que ciertas cosas tienen sentido. Y ahí empieza. Porque cuando alguien deja de aceptar algo que todos naturalizaron. Rompe el clima. Obliga a mirar.

Y esa incomodidad termina liberando.

Porque hay una rebeldía que no nace del odio ni del capricho. Nace cuando alguien deja de mentirse. Así de simple.

Empieza a confiar en su espontaneidad. En su intuición.

En esa voz interna que estuvo años tapada por miedo, costumbre o necesidad de pertenecer.

Y cuando eso aparece, también aparecen otras cosas. Miedos viejos. Culpa. Formas de obediencia que uno heredó sin darse cuenta. Ideas que parecían propias y no lo eran.

Entonces algo empieza a romperse adentro. Y eso también tiene algo de regreso.

Como si una parte tuya que había quedado enterrada volviera a respirar.

Tal vez por eso ciertas personas ya no pueden seguir viviendo igual después de ver determinadas cosas. Porque una vez que corriste algunos velos, cuesta mucho volver a actuar como si nada hubiera pasado.

Y ahí es donde esta palabra empieza a tener sentido.

Sincronicidad.

Porque algo de eso empezó a pasar también en Fuga.

Nunca hubo un plan exacto. Nadie bajó línea. Nadie dijo “vamos a escribir sobre esto”. Cada uno llegaba con lo suyo. Con sus obsesiones, sus catarsis. Con algo que venía pensando. Y aun así, cuando el número terminaba de armarse, aparecían conexiones que nadie había buscado. Ideas que se repetían. Preguntas que volvían desde lugares distintos.

Al principio parecía casual. Después empezó a repetirse demasiado.

Cincuenta números más tarde ya cuesta pensar que sea un accidente. Hay algo que se conecta aunque nadie lo ordene. Algo que aparece entre personas que muchas veces ni siquiera hablaron entre sí.

Y capaz ahí está lo importante. Entender que tal vez nadie está tan solo como pensaba.

Que hay preguntas que empiezan a surgir al mismo tiempo porque la época ya no da para seguir dormidos.

No es coordinación. No es casualidad.

Es otra cosa.

 

Bienvenidos a la Edición 50. 

Esto es Fuga. 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

La deuda histórica

Por Fernando Crivelli Posse. “Nada va bien en un sistema político en el que las...

Democracia Colonial

Por Enrico Colombres. Hay palabras que con el tiempo se vacían de sentido. Se repiten...

Anatomía de un sacrificio selectivo

Por Fernando Pérez. La dialéctica oficialista ha logrado, con una destreza comunicacional digna de estudio,...

El cuarto golpe

Por Fabricio Falcucci. Llegar a una edición número cincuenta no constituye solamente una cifra redonda...

Más noticias

La deuda histórica

Por Fernando Crivelli Posse. “Nada va bien en un sistema político en el que las...

Democracia Colonial

Por Enrico Colombres. Hay palabras que con el tiempo se vacían de sentido. Se repiten...

Anatomía de un sacrificio selectivo

Por Fernando Pérez. La dialéctica oficialista ha logrado, con una destreza comunicacional digna de estudio,...