InicioComportamientos contemporáneosYa nada me asombra ¿Y a usted?

Ya nada me asombra ¿Y a usted?

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Por Rocío Barbieri.

Ocho de la mañana. El celular en la mano antes del primer sorbo de café. Abrimos la primera red social y el mundo ya estaba ardiendo. Un funcionario incumple la ley. Scrolleamos. Otro femicidio. Scrolleamos. Se cerró una escuela. Scrolleamos. Y así se pasa el día, y los días. El show continúa y nosotros con él, sin advertir que, en algún momento en el medio, perdimos la capacidad de asombrarnos.

No hay un momento preciso en que una sociedad deja de asombrarse. Es un proceso silencioso, casi imperceptible. Un día, lo que habría provocado indignación colectiva apenas genera un encogimiento de hombros. 

Pero a viva voz, nadie parece aprobar activamente lo reprochable. Nadie parece realmente estar de acuerdo la corrupción, la violencia o el abuso. Pero sucede algo igual de grave: ya no nos sorprende, ya no nos indigna. Nuestro cerebro se ha habituado a ello. Ha generado un mecanismo por el cual, sometido a un flujo constante de estímulos negativos, aprende a no responder con la misma intensidad. 

El flujo constante de información garantiza que nunca haya tiempo para procesar una cosa antes de que llegue la siguiente. El escándalo de hoy desplaza al de ayer, que nunca terminó de resolverse. La novedad se fragmenta y se disuelve antes de convertirse en asombro. Y así, cada nueva aberración llega a una sociedad un poco más anestesiada, impotente. El resultado es que cada acto inaudito se procesa como un dato previsible en lugar de una ruptura del contrato social. 

Por esto, recuperar la capacidad de asombro no es un gesto emocional, es, verdaderamente, una decisión y un acto político. Es negarse a aceptar que lo bochornoso es lo normal. Es indignarse aún cuando cuando la cultura dominante nos empuja a la apatía como mecanismo de defensa. 

Mañana serán las ocho de la mañana otra vez. Pero esta vez podemos decidir asombrarnos. Podemos decidir recordar, una y otra vez, que la corrupción sigue siendo corrupción, que la violencia sigue siendo violencia y que la injusticia sigue siendo injusticia, aunque ocurran todos los días.

Mientras algo todavía nos escandalice, significa que aún no nos hemos resignado.

 

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