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El amuleto de la memoria

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Por Sergio G. Lizárraga. 

La poesía edifica casas donde la memoria elige habitar. No casas de ladrillos, sino construcciones de lenguaje que sostienen lo que el tiempo intenta derribar: la infancia, los rostros, las esquinas, los juegos ya idos. En los poemas de Susana Noé que hoy presentamos, esa casa se vuelve esquina: calle, cordón y vereda se convierten en territorio sagrado. La casa en Noé, al igual que en los poetas anteriores, Bocos y Lucero, no es solo un refugio físico sino una herida que late, con la dicha de los patines y también el desamparo de los niños que ya no brincan en la calle.

Estos poemas apelan a la palabra despojada pero intensa, de verso corto y fragmentación que construye un ritmo entrecortado. El encabalgamiento, la enumeración y la apelación directa («muévete», «bébete») convierten a estos versos en una suerte de ritual de resurrección personal.

Noé mira el horizonte y entiende que la memoria es, a veces, el único amuleto redentor para seguir andándose a uno mismo.

 

calle, cordón y vereda de una esquina de la infancia 

                                             dedicado a Sandra Elsinger 

¿Podrá el viento besar la luna,

 el huracán dormir en el vientre de una nube?

¿Acaso el trino del colibrí cabalga en la lengua del coyuyo?

 Inquieta, una tortuga se pregunta:

¿dónde están los niños, sus risas y llantos?

Solo ella pasea en la plaza.

A veces envuelve la noche

antiguas rondas 

con pasos agitados,

y eco de grillos

aplastan

el césped,

quiebran tallos, 

lloran flores,

en calles de cordón y veredas.

Cada cual con su ventana

en blanco y negro,

acartonada la mirada,

rostros secos,

claroscura vida;

espalda/alas

arrastran 

reprimidos sueños.

 

Quiero escribir del blanco y negro

Blanco y negro,

imponente casona,

esquina refugio

de mi infancia.

Salta,

blanco y negro,

calle cordón y vereda:

patines, zancos y pilladita,

remolino envuelve,

arrastra rodillas amoratadas,

abraza palmeras y moras

en Plaza 9 de Julio.

Blanco y negro, 

esquinas agotadas, 

desamparo;

malabares y monedas huidizas,

llanto de malvones,

niños no brincan en la calle,

ni cordón ni vereda;

el cansancio cruza la calle,

se abraza al desvalido del cordón 

la estrella caída en la vereda

ampara, abriga

vida: blanco y negro,

horizonte sin lunas,

mariposas o picaflor

deambular, deambular

por sucias monedas

esperar

calles, cordón y veredas.

 

Serpenteando días

Volvió

 el monstruo de los recuerdos

se arrastra bajo puertas

sin luna,

sin viento.

Urdimbre afilada,

hilos clavados en la noche

tejen urgencias 

¿Se abrirá 

sin mentiras ni miserias

el cielo para mí?

¿Encontraré jilgueros con música y luces?

Ventana desnuda,

sombrío cortinaje,

prohibidos encuentros,

ojo visillo

 aúllan

Abrazos viscosos

sudan,

estallan.

 

Me ando

Cuando pregunté, ¿cómo estás?

respondiste: aquí me ando

solo.

           No puedo salir de mí.

Contesté:

muévete,

hurga en los escombros,

menea tus restos

lame tus heridas,

quiebra la noche,

martilla tus huesos,

tritúralos,

cenízalos;

bébete,

conjúrate, 

transfórmate

en tu propio amuleto 

redentor

 

Mientras haces cualquier cosa alguien está naciendo

                                                    Mientras haces cualquier cosa

                                                                  Alguien está muriendo.

                                                                               Roberto Juarroz

                                                           

                                                                                                                                                                                                                                                

Mientras ordenas tu casa

y tus pensamientos,

buscas la llave 

que dejará salir a los sueños.

El fuego de tus ojos apaga un arcoíris,

los recuerdos de Gálata acarician 

lo que queda de ti.

Alguien está naciendo.

Mientras tu olfato de jabalina

te arrojó a caminos de hombres sin rostro,

brazos sin abrazos,

como topo en busca de amor.

        ¿Acaso creíste ser Dafne o Hémera?

Alguien está naciendo:

amores de Verona, del Toboso, Aconquija,

y pasillos-laberintos de la Costanera,

del oscuro Medioevo y la incestuosa realidad.

Alguien está naciendo.

 

 

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