Por Sergio G. Lizárraga.
Durante una entrevista, Alejandro Crotto se refiere a un nuevo concepto de lo sagrado más cercano a lo cotidiano, “ya no un ángel que anuncia un embarazo milagroso, sino una carretilla a la intemperie”. Lo grafica con el poema del estadounidense William Carlos Williams, de tan solo dieciséis palabras en su lengua original – “Tanto depende/ de una carretilla roja/ barnizada por el agua de lluvia/ entre los pollos blancos”
La poesía de Marisa Guanca se inscribe en esta tradición, vuelve sagrado lo mínimo: el roce de una sábana, el crujido de una página, el polvo que se cuela por las rendijas. Los poemas reunidos aquí transitan los territorios de la memoria, la infancia, la maternidad y la casa entendida como refugio. En este detenerse en lo doméstico y en lo sencillo, Guanca lleva sus versos a una profundidad despojada de todo adorno y desbordada de esencialidad.
Hay ojos que aprender a mirar lo extraordinario en todo aquello que siempre estuvo frente a ellos. Marisa Guanca apuesta por un lenguaje despojado, para ceder espacio a todo el asombro que descubren sus ojos.
El hilo
mesa de cedro vieja, muy vieja
marcas de tazas de café olvidadas
un libro abierto,
como un pájaro que descansa
leemos en voz baja
casi en un susurro
para no despertar el polvo de la siesta
vos sostenés el borde de la página
yo sostengo la respiración
nudo invisible
una palabra que pasa de tus ojos a los míos
nuestra casa hecha de aire y de páginas
donde nos sentamos juntos
a salvo de la modorra
La intemperie adentro
afuera el zonda raspa las ventanas
trae esa furia seca de los cerros
arrastra la sed y el polvo hasta la cama
pero acá adentro
sobre las baldosas que ya juntan la tierra, estoy
sola con un libro entre las manos
renuncio sin culpa a la inútil tarea de limpiar el piso
la arenisca se cuela por las rendijas de la puerta
se me mete en el pelo
cruje apenas cuando paso la página
no importa
el mundo ruge afuera, desatado
mientras despacio
invento mi propia calma
Leerte
sostengo el libro con una sola mano
con la otra, te acomodo la sabanita que se desliza
un ojo va a la página
el otro vigila el leve temblor de tu sueño
mi respiración mide la tuya
como si leyera en tu pecho una línea que nunca termina
tiempo astillado: un párrafo que se corta a la mitad
llorás, tenés sed, querés que te alce
después, en el silencio, el regreso al papel
la palabra que te traigo de lejos para acunarte
en mi nido de tinta
mientras la noche se va
Memoria
el verano trae la infancia:
lluvia de azahares y polvo
me cae adentro
vuelvo del corral
con las rodillas llenas de tierra
y una trenza rígida en el pelo
que el viento quiere deshacer
en la puerta está mi abuela
con las manos siempre ocupadas
y yo todavía sin saber
que algunas personas se quedan
sólo en la memoria
vuelvo a ser niña en aquel patio
una reina sin reino
con corona de campanitas violetas
quiero correr hasta el borde del alambrado
donde acaba el alfa
y comienza el monte
quiero esconderme detrás de un árbol
y escucharlo respirar
cuando nadie lo mira
mi madre llama
y su voz atraviesa las ventanas
como un pájaro que conoce el camino
y se va despacito con el agua de la acequia
la tarde se estira
sobre mi hamaca
donde el tiempo no me encuentra
qué pequeña era la vida
y qué enorme
cuando cabía entera
en una siesta
o en un vaso con leche
Umbral
antes de nacer
ya había una puerta
del otro lado
el mundo respirada despacio
como un animal dormido
no sabía de nombres
ni de relojes
ni de la luz
solo conocía el rumor del latido materno
sonido
silencio
afuera
alguien esperaba
enmarañada de raíces
temblando
adentro
yo flotaba en la oscuridad
con manos apretadas
tal y como ahora duermo
entonces el cuerpo
se rompió en camino
y la luz hirió el silencio
la primera luz
el grito
un llanto lento
y todo se hizo grande
el aire
las manos
el frío
el beso de mi madre
desde entonces
cada vez que vuelvo a empezar
recuerdo el miedo a la oscuridad
Tierra
entonces escribo
no sé si estoy haciendo un poema
o sólo dejando surcos
para que alguien, alguna vez,
encuentre dónde estuvo mi sed
a veces la palabra
no sale
no llena
no alcanza
otras veces llueve
y germina
y se abre pequeña flor
en medio de mi continuo rastrojo
Biografía
Marisa Evangelina Guanca nació en Trancas el 4 de mayo de 1983. Es Profesora en Letras, Licenciada en Gestión Educativa y Licenciada en Educación de Jóvenes y Adultos.
Actualmente se desempeña como directora de la Escuela Secundaria San Pedro de Colalao y como docente en el Instituto Privado San Joaquín, en la carrera de Profesorado en Educación Primaria.
Es miembro de la asociación literaria de microrrelatistas “Dr. David Lagmanovich”.
Es fundadora y coordinadora del Voluntariado de Lectura de Trancas, Apalabradas, dedicado a la difusión de la lectura y a la gestión de una pequeña biblioteca comunitaria autogestionada.
Ha realizado publicaciones en distintas antologías:
- Cuaderno Laprida. Microrrelatos en homenaje a David Lagmanovich. Signes et al., La Aguja del Bufón Ediciones, 2021.
- Microteca. El microrrelato como herramienta en el aula. Compiladora Cazón. Editorial La Papa, 2021.
- En las tierras de David. Antología de microrrelatos. Comp. Mopty, 2022.
- Fervor de Tucumán II. Antología de microrrelatos. Comp. Mopty, 2024.

Excelente y muy significativa,poder expresar tanto en pocas palabras que nos retrae a historias de vida con mucho sentimiento y emoción!!
Es admirable esa manera tan tuya de mirar el mundo y de encontrar en las cosas más simples algo que decir, algo que guardar, algo que transformar. Me emociona verte acá, compartiendo todo eso que llevás adentro. Una genia ❤️
Al leer los poemas de Marisa Guanca sentí que son textos sencillos, pero que transmiten sentimientos muy profundos. Me gustó especialmente la manera en que la autora transforma situaciones cotidianas, como leer un libro, estar en una casa, recordar la infancia o cuidar a un hijo, en momentos cargados de significado.
En general, la lectura me transmitió una sensación de calma, nostalgia y sensibilidad.
Me quedo con la idea de que las palabras pueden ser una forma de construir refugios, guardar recuerdos y volver, aunque sea por un momento, a aquellos lugares y personas que forman parte de nuestra historia.
Disfruto mucho leerte; tus palabras tienen una sensibilidad especial.
Hay algo en tu manera de escribir que me llega… quizás porque detrás de cada palabra se siente mucho de vos.
¡Felicitaciones! Me encantan tus escritos, tienen una forma especial de quedarse dando vueltas en mi cabeza.
Pero creo que me gusta todavía más descubrir un poquito de vos entre tus palabras.
Al leer estos poemas me siento partícipe de un mundo donde la memoria, el amor, la nostalgia y una extraña sensación de hogar se hacen presentes. Cada poema está cargado de un sentimiento que llega a conmover el alma y llevarla a formar parte de una historia ajena que carga con esa misma sensibilidad.
Me siento afortunado de leerla, y espero con ansias poder seguir leyendo más de sus escritos♡
Lo lejano se hace cercano y lo cotidiano de vuelve infinito!!! Felicidades Marisa, tranca tiene raíces artísticas y grandes valores como tu letra !!
Siempre es reconfortante descubrir nuevos poetas, pero sobre todo descubrir la sencillez de la persona en la grandeza con que crea a través de la palabra sentimientos que pueden palparse al recorrer la lectura. Es la palabra la mayor herramienta que puede hombre utilizar para construir un mundo de paz. Gracias Marisa por haber elegido esta herramienta para transmitir tanta dulzura y llevarnos en el tiempo a rescatar también nuestros recuerdos.
Lo simple, lo nostálgico, la infancia, lo pequeño, lo cotidiano, el amor…hacen que el lector imagine poéticamente esos momentos, tocan los recuerdos y la memoria, tocan el corazón.
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Tu poesía me parece profundamente íntima porque entrelaza con mucha naturalidad la maternidad, la docencia y el amor por la literatura. En cada texto aparece esa necesidad de cuidar, acompañar y transmitir, ya sea a un hijo, a un estudiante o a través de una palabra que busca permanecer. La memoria, la tierra y la infancia le dan raíces a una voz que encuentra en los libros y en la escritura una forma de refugio, pero también de encuentro con la propia historia. Me gusta especialmente que no idealices la maternidad ni la escritura: aparecen el cansancio, las interrupciones, la soledad y también esos pequeños momentos en que la palabra finalmente germina. Siento que en estos poemas estás dejando algo muy tuyo: una huella hecha de vida, de enseñanza y de palabras.
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