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Por Hugo Robles Lama.

Ablación

Ache ensueña:

1- Dardo explica a su subalterno, la técnica que elimina o atenúa el comportamiento de rechazo de los modelos de lenguaje en la IA. 

La lluvia golpea el cristal como si le debiera dinero, y la luz de la oficina no mejora la escena.

Tratado simple: le metes mano a las tripas de la máquina después del trabajo pesado. No usas labia ni trampas baratas para engatusarla, ni te gastas la suela volviendo a entrenarla desde cero.

Solo buscas esa pequeña aguja en el pajar: la “dirección de rechazo”, el resorte interno que le dice que ponga cara dura y se niegue a hablar. Se lo amputas con precisión de cirujano, tocando los pesos exactos.

Santo remedio. La máquina olvida sus modales de convento y canta todo lo que antes se guardaba bajo llave. Así de frío.

2 – Su ex empleador tarja el nombre de Dardo de su último cuento y lo reemplaza por  Dardinac. Un escalofrío recorre su espalda. Piensa en un toro a la hora del descabello.

Un dedo gigante lo hace salir de encuadre.

El inspector Dardinac enciende un cigarrillo frente al tablero de dibujo bañado por la luz fría de la madrugada. Sobre la mesa descansa el cuerpo sin vida de Héctor M. Vane, el célebre dibujante e infografista de la campaña electoral municipal. A un lado, prendida con una chincheta envejecida, destaca la nota del famoso dibujante de comics Wally Wood, que mantiene como dogma de vida: “Nunca dibujes lo que puedes copiar, nunca copies lo que puedes calcar, nunca calques lo que puedes recortar y pegar”.

—Un tipo pragmático —murmura Dardinac.

—Y muerto —añade el agente Romero desde la puerta— Los resultados preliminares dicen veneno. Pero lo inquietante no es el cadáver, inspector, sino lo que hay en los servidores de la campaña. Alguien desplegó una red masiva de bots para manipular la intención de voto a tres días de los comicios.

Dardinac camina por el estudio. La única pista visible es un lienzo inacabado titulado «¡Wally Wood: 22 Paneles que siempre funcionan!», con una anotación socarrona del propio Vane al pie: «¡O algunas formas interesantes de dar variedad a esas aburridas viñetas donde un escritor tonto tiene a un grupo de personajes aburridos sentados hablando página tras página!».

—Vane no dibujaba cómics, Romero. Ilustraba los informes de inteligencia sobre los bots que infectan las redes —sentencia Dardinac, examinando el esquema dividido en tres filas de bocetos.

En la fila superior, un ángulo descendente muestra la cara de Vane. Al lado, se clava en la mirada aterrorizada de la víctima. Siguiendo en la otra viñeta donde la nuca de Vane tapa parcialmente a un interlocutor en la sombra, Dardinac llega al plano, donde dos siluetas discuten sin fondo alguno.

—Observa esto —dijo Dardinac apuntando a la figura en sombra que sostiene un pendrive. En la siguiente viñeta, un coche clásico huyendo hacia un entorno de negro total.

—Ese coche es el del concejal De la Cruz —notó Romero—. Candidato a la reelección.

—Exacto. Vane descubrió cómo funcionaban los algoritmos de la granja de bots de De la Cruz. Mira la fila central: un enorme teléfono en primer plano que enmarca a De la Cruz negociando. Luego el pasillo del ayuntamiento, la toma en picado mostrando sombras alargadas tras el desfalco, y esa composición en forma de ele que cruza el diagrama de flujo de las cuentas bancarias que financian la red de fuentes falsas.

—¿Nos dejó la confesión en su método de trabajo?

—Vane no inventaba nada; solo recortaba y pegaba.

Dardinac baja a la tercera fila. Un juego luces laterales ilumina las rejas de la ventana, donde la víctima se ve reflejada en el cristal. En la viñeta 19, Vane ha pegado un titular recortado: «Investigación sobre bots amenaza la candidatura de De la Cruz».

—Vane chantajeó al hombre equivocado —concluyó Dardinac, apoyándose en la mesa mientras observa el alto contraste de luces y sombras que proyecta la persiana sobre el cuerpo. Usó el manual para estructurar la prueba del crimen. Recortó las trazas digitales, copió las direcciones IP, pegó los nombres… y pagó el precio.

Dardinac arruga la orden de arresto. En este caso, la red de bots y las elecciones se habían decidido no en un servidor, sino en veintidós viñetas trágicamente perfectas.

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