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La cámara de Roman

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Por Ezequiel Aráoz Martínez.

Estrenó cyberpunk edgerunners 2 y no puedo pretender objetividad frente a la euforia de algo que me venía generando tanta expectativa. Pido perdón de antemano por los excesos de subjetividad y la blogificación de esta columna, pero espero que algo de la motivación que estoy poniendo en la escritura se transmita a quién esté leyendo.

Siento en primer lugar que tengo que aclarar que hay una relación directa entre este artículo y “¿Qué síntomas tiene? ¿Qué le paso? ¿Ya le diagnosticaron algo?” que publiqué oportunamente en agosto, en este mismo medio, donde hablo de la primera temporada de Cyberpunk Edgerunners, así que sugiero volver allí si no lo vieron antes de avanzar con esta lectura para enriquecer la intertextualidad. Aunque quiero creer que aún sin el artículo anterior, esto puede ser interesante.

Habiendo visto ya ocho de diez capítulos de la nueva temporada puedo decir que estoy sorprendido para bien y preocupado por el final, en el sentido que las historias de cyberpunk y particularmente en Night City pueden llegar a preocuparnos. Me encariñé rápidamente con los personajes y esperaba una historia que ante la promesa de una cámara iba a jugar con las neurodanzas y la posverdad. Mas no fue así. Me dio algo mucho más doloroso.

Antes de entrar en detalles hay un hueco que me gustaría llenar respecto a mi artículo anterior sobre el tema donde expliqué con un vuelo demasiado superficial lo que significa el cyberpunk como género literario, como narrativa, como estética, como crítica política.

El cyberpunk entra en una discusión acerca del paleofuturo y el retrofuturismo. En primer lugar, el paleofuturo se entiende como un futuro pensando desde una época anterior. Paleo viene del griego palaios que podría traducirse como antiguo o viejo, es decir es el viejo futuro. Un futuro que le pertenece a nuestros antepasados. Por otro lado, el retrofuturismo hace referencia a un futuro inspirado en una de esas visiones del futuro desde otra época. Es decir que si nosotros creamos historias inspiradas en un paleofuturo estamos hablando de retrofuturismo. El tema es que, hay cyberpunk en los 80’s, donde surge y hay cyberpunk creado hoy inspirado en aquel, así que podríamos decir que puede entrar en ambas clasificaciones según la época.

Por otro lado, tanto los retrofuturismos como los paleofuturos son subgéneros de la ciencia ficción, y particularmente el cyberpunk es además una distopía, es decir, una propuesta de una utopía que no funcionó. En este caso la parte que funcionó es el desarrollo tecnológico, pero como las grandes empresas consiguieron más poder que los estados se producen grandes desigualdades que hacen de la vida cotidiana algo sumamente injusto, crudo y duro.

Estas son características del género, es decir que en toda historia cyberpunk se presentan estas cualidades estéticas y en el universo de edgerunners hay algunas otras que surgen del mundo creado por Mike Pondsmith que intenté historizar brevemente en mi otro artículo.

Habiendo llenado el hueco contextual, quiero meterme en algo que para mí es el corazón de la serie y voy a tratar de spoilear lo menos posible pero no prometo nada…

Roman, uno de los protagonistas de la serie es un niño de doce años con una cámara en un mundo donde la gente puede grabar con los ojos. A Roman no le interesan las neurodanzas porque son pedazos de memorias editados. Él quiere crear arte, porque para él, lo que hace vivencial el arte, no es experimentar la vivencia de alguien más con todos los sentidos conectados a su memoria, sino estar frente a una pantalla y, ante lo que ves, sentirte tan inmerso que te olvidás que esa pantalla existe.

Roman, vive en Night City. Una ciudad llena de abusos, violencia, sangre y corrupción. Él pretende sacar algo de dinero para una nueva cámara vendiendo las películas que edita, pero le es difícil venderlas a un público que ya no le interesa la mirada artística. Por otro lado, a cambio de obtener estas películas, se ve expuesto a una exhibición de atrocidades constantes en una vida turbulenta donde intenta ver una expresión genuina en lo que filma.

Volvamos al contexto. El cyberpunk, se pretende futuro, pero para Mark Fisher, era un síntoma del presente. ¿Es posible que el acceso medial de los niños al mundo en el presente pueda ser la exhibición de atrocidades a la que está expuesto Roman?

A nadie parece importarle del todo que Roman sea un niño hasta que establecen algún tipo de vínculo afectivo con él. A partir de allí piensan que quizá hay ciertas cosas a las que no debería estar expuesto, pero después se acostumbran y les deja de importar. Roman es un vocero de la realidad, que ve a través de la cámara realidades de las que otros no se percatan a cambio de metabolizar la crudeza del mundo y filtrarla en el embudo de su psiquis.

Si debemos mirar al presente a partir del futuro que la ficción nos propone, creo que Roman es parte de las voces de los niños que intentan decirnos cosas que no queremos escuchar, porque sentimos que la voz de la experiencia es más valiosa que una voz inocente. Roman es una pregunta para nuestro futuro. ¿Cuántos niños trabajan para construir un horizonte? ¿Hasta que punto su autonomía les permite comprender lo que son capaces de hacer? ¿Hasta que punto por protegerlos los alejamos de la construcción de su propia autonomía? Entonces… ¿Qué infancia pretendemos en el futuro? ¿Cuál es el deseo de las infancias para el futuro?

Si ser capaces de tener una mirada artística, valiosa y empática amerita una vida donde el consumo de la crudeza de un mundo oscuro es necesario ¿Vale la pena? Y ocultar el mundo ¿Tiene sentido?

Pienso que todas estas preguntas pueden responderse en cada contexto de una manera distinta, pero si tuviera que arriesgar una problemática que permite la existencia de estas preguntas diría que las infancias han caído en la soledad. La soledad por un sentimiento de padres que están presentes, pero no escuchan, de padres ausentes, o de la ausencia total de padres. No hacen falta luces de neón para ver que Roman anda dando vueltas por las calles del mundo actual, sin embargo, no todo está perdido. 

Roman busca el arte en las vidas de otros, y así conoce gente y entabla vínculos que enriquecen su entorno a pesar de todo y hace más cálidas las vidas de las personas que filma.

Él se pretende como un buscador de la verdad y la verdad, para él, está en construir una ficción que nos emocione a partir de un fragmento de otra vida que sea fiel a su protagonista. La verdad puede ser una construcción más optimista y menos oscura, aunque el mundo sea violento y cruel, y por eso creo que el corazón de esta temporada tiene que ver con eso.

La unidad de investigación de cultura cibernética en los 90, hablaba de hiperstición. Un término para llamar a ficciones que se hacen a sí misma reales.

Creo que si hay una parte que quiero hipersticionar de esta serie es esa percepción de lo que la verdad podría ser para Roman. 

Si el periodismo fuera un niño, nuestra visión del mundo sería más bella, y cuando la verdad es más alentadora, el mundo eventualmente también lo es. Temo el final de la serie porque los finales en Night City no son tan cálidos. Pero, aunque la posverdad no se toma directamente, como planteaba al comienzo, la verdad a los ojos de un niño me parece un mejor cristal para medir la realidad, aunque también creo que es un mundo doloroso el que construye ese cristal.

Pienso que el ciberespacio ha creado un mundo donde los niños y los adultos caminan sendas que no siempre se cruzan en los mejores escenarios, pero también es un espacio de socialización necesario en una realidad que depende de su existencia. No creo que sacarlos del mundo sea una opción. Ni del virtual ni del real. Creo que la compañía de un vínculo cercano y tomar las palabras de los niños con la misma seriedad que la de los adultos puede hacer de su vida algo menos crudo y como consecuencia, para nosotros un futuro mejor.

Podría extenderme y hablar de cada personaje de esta serie, pero creo que con esto es más que suficiente para mostrar el valor que este género puede aportar. Les aliento a ver la serie y a consumir más cyberpunk. Les invito a pensar el futuro mientras ven, antes que alguien más piense por ustedes.

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