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¿Has visto a los peces volar?

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Por Sergio G. Lizarrága.

En “El cuerpo herido. Algunas notas sobre poesía y enfermedad”, Denise León recupera las palabras de David Le Breton, quien sostiene que, para ser soportables, los procesos vividos por el sujeto en su carne deben encontrar en el sentimiento que aquel elabore una forma y un sentido: cuando estos quedan deshechos por la irrupción de lo insólito, del sufrimiento o de lo intolerable, es preciso abrirles un camino. Los textos que hoy compartimos de Guadalupe Albornoz son precisamente esos senderos: vías abiertas que conducen a la poeta hacia un universo de palabras donde lo que desborda halla contención en la amplitud que todo verso ofrece cuando quien escribe sabe volar.

En el primer poema nos encontramos con una repitición casi obsesiva que no agota, sino que expande el motivo central: la lágrima no es aquí un mero accidente emotivo, sino una suerte de geografía donde caben mundos, heridas, banderas caídas, olores… El segundo poema se organiza en torno a una pregunta insólita: «¿Has visto a los peces volar?”, interrogación recurrente que no espera respuesta, sino que funciona como una oración para clamar por puertas abiertas. 

Albornoz es íntima, se pliega sobre sí misma sin clausurarse. Para ella la lágrima es una hondura donde deja reposar a su mundo. No huye del dolor, percibe los límites desde una sensibilidad tan particular, que sus peces vuelan como resistencia. En sus poesías, Albornoz camina llevando su memoria y sin mirar atrás.

 

POEMA 1

En una lágrima

puede caber un mundo.

Varios.

Muchos.

Si miramos bien,

montones de ellos.

Átomos y patrones,

entendibles

para quien se acerca

un poquito más.

También,

si el ojo es certero

y mira el detalle,

se puede ver un corazón

con sus cielos distintos,

rosados,

partidos,

en caída de atardecer.

Las heridas

y las lluvias

que fueron destinadas

a ser compañeras del llorar.

De banderas

que aún se intentan levantar.

Es en esa acuosa premisa,

redonda,

curvada,

con límite,

donde habitan los hijos

y sus risas

aún no corrompidas

por la desilusión,

y sus manos

alrededor del corazón.

Una lágrima

lleva aparejada la tarde

donde empezó todo,

donde terminó en la nada.

También tiene

olores de abuela

y su delantal,

o mis amigas

y sus charlas,

del viento

golpeando mi cara,

y de la esperanza

que aún no pudieron

arrancarme de los brazos.

En una lágrima

cabe un pasado,

muchas guerras,

los avances

y los retrocesos

de mi patria,

y esta niña

que aún está amarrada

a la cama

y al silencio copioso

de buscar

no ser abandonada.

En una lágrima

cabe una fría mañana

de invierno,

cercana a mi cumpleaños,

y las ollas de guiso

para calmar las ansias.

Cabe mi tierra,

mi madre,

y el padre

que muere cada noche

y revive al despertar

para ser velado.

En una simple lágrima

cabe todo lo que di

y puse sobre la mesa.

Así como la vez

que desviví mi nombre

y quedó manchado

mi pequeño pecho,

junto a las perlas

de mis ostras.

En una lágrima

puse todas las constelaciones

a mi servicio,

y los cuarzos que me quedaban,

haciendo rituales

para que la suerte

toque mi vida

y se lleve todo mal.

En ella también,

y por supuesto,

caben las imágenes

de tanta impunidad,

de tanta desidia,

de quien decía amarme,

de quien era

el oasis ideal

de todo lo que supuraba

la ausencia.

La lágrima

es un reflejo

puesto en remojo

de la mente,

de la calle,

de los faros

que se van quemando

con los años

que no llegan solos,

de las hojas de los árboles

tocando mi boca,

tejiendo mi aliento

sobre el manto del cosmos.

Cerca,

cerquita,

muy dentro,

bien dentro de ella,

estoy sentada,

tomando a Dios

de sus manos,

buscando entre sus milagros

ser la elegida

por una vez.

El soplo,

mi rostro cayendo

sobre un humedal brioso

llamado fortaleza,

nombrado vida,

entregado como un regalo.

Pongo mis pies

dentro de los zapatos

de otro ser

y camino.

No he vuelto

a mirar atrás.

 

POEMA 2

Umbilical 

¿Has visto a los peces volar?

Cada tanto lo hago.

Tomo la red,

aquella que queda

al vaciarla de naranjas

compradas en la ruta;

la uso.

En esos tantos peces que vuelan

cazo espumas del río,

corriente arriba,

siempre arriba.

Me deslizo entre sus fauces claras

escuchando leyendas de guerrillas

en molienda.

Por los manantiales secos

vive un niño disfrazado de hombre,

dentro de la caja

que lo nombró cautivo.

¿Has visto a los peces volar?

Sí, a veces lo hago,

al hojear los recuerdos

de una vida que sigo en sus relatos.

Me atrapa,

así como la caja

supo hacer con él.

De vez en cuando

remienda el pantalón,

marcado por el milímetro

formado de un cuero

sobre botas lustradas.

¿Has visto a los peces volar?

No sé.

Del otro lado del marco

prende el cigarro número mil.

Ve bailar un par de amantes.

Abriles siguieron

el cauce negro.

Volvió nublado,

cayó golpeado.

Vio a los peces volar

al besar la tarde

el borde umbilical

de aquel ojo.

Guadalupe Albornoz (Tucumán, Argentina) es poeta, docente de educación inicial, gestora cultural y madre. Su trabajo une la educación, la literatura y la construcción cultural comunitaria, con un fuerte compromiso con las infancias, la memoria colectiva y los territorios del norte argentino.

Durante más de una década ha impulsado talleres de alfabetización, lectura, escritura y arte para niños, niñas, adolescentes y mujeres, especialmente en contextos del interior tucumano atravesados por la historia de los ingenios azucareros. Coordinó el área de educación y cultura de la comuna de San Pablo y Villa Nougues, presidió la zona 8 del consejo provincial de cultura y la Biblioteca Popular Lucho Díaz en San Pablo, donde desarrolló proyectos de recuperación cultural vinculados a la identidad y las memorias del territorio.

Participó activamente en colectivos culturales, feministas y artísticos de Tucumán y Latinoamérica, integrando espacios como Ni Una Menos, Las Rebeladas y diversas redes de escritores y gestores culturales. También coordinó proyectos colectivos como Tucumanazo, Poemas en el Resguardo, La crónica de los Naides y Arte a Granel, acercando la poesía y el arte al espacio público y a los barrios.

Su obra poética ha sido leída en museos, bibliotecas, radios, encuentros literarios y espacios culturales de Argentina y otros países de Latinoamérica. En 2023 publicó su primer poemario, Poesía para resistir, y su segundo libro, Horizonte, fue distinguido por el Fondo Editorial Aconquija del Ente Cultural de Tucumán.

Actualmente continúa desarrollando proyectos educativos y culturales enfocados en alfabetización, mitos y leyendas del ingenio azucarero, literatura e infancias, sosteniendo una práctica artística y pedagógica profundamente ligada a su tiempo, su comunidad y su territorio.

 

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