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La voz que ordena los hilos

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Por Sergio G. Lizárraga.

En el acto de tejer confluyen distintas imágenes: unas manos que entretejen hilos para atrapar recuerdos o para cobijar sensaciones que aún se resisten a abandonar la memoria. En la poesía de María del Carmen Pilán, esos tejidos resguardan también raíces que se entrelazan como lazos afectivos.

La poesía aquí reunida se desplaza en un péndulo constante: va de la súplica colectiva a la grieta estrictamente personal. Sus versos albergan vivencias íntimas, pero también una mirada cosmopolita. En ese movimiento, su voz se fortalece y adquiere un tono propio. Su lírica entrama escenas cotidianas, cuerpos de mujeres, la memoria de quienes ya no están, la tierra que moldea la identidad; dimensiones todas que se inscriben bajo una misma urgencia.

En «Aniversario», por ejemplo, Pilán explora el duelo no como una abstracción, sino como una migración: un ir de una tierra de recuerdos a otras latitudes donde los pasos delatan lo ausente. Poema este, anudado en la nostalgia y el deseo. Por su parte, en la poesía bilingüe sin título, la tierra de los ancestros es un lugar propio y a la vez lejano, que se habita poéticamente en la espera y en la ausencia.

La palabra, en esta poeta, se enreda, se deshace y se reconstruye. Pilán sabe cuál es la voz que da orden a sus hilos.

 

8M Denuncia (inédito)

No sé bordar.

Los hilos se enredan en mis manos,

las agujas son miradas

que acosan mi cuerpo.

Como Antígona,

denuncio

y escribo:

Ni chapas,

Ni charcos

Ni golpes

Ni bolsas

Ni fuego 

Ni pozos

Ni sogas que aprietan

y callan gritos de siglos.

Justicia, quiero

Libertad, quiero

Vivir, quiero.

 

Aniversario

A Manuel Pilán

Un año.

365 días.

No sé cuántas semanas y domingos.

No importa.

Vos no estás.

Ni tus manos, ni tu mirada,

 ni tus viajes imaginarios pero reales.

Todavía hay en la casa bolsos armados que te esperan.

Que escriba, me piden mis hermanas.

Y no puedo.

Revuelvo.

Me acuerdo

de las cartitas que dejábamos

en la funda de tu almohada.

Te pedíamos permiso

pasa salir,

para alguna idea de siesta….

Me acuerdo

de los regalitos

que nos traías de los viajes

el monito bananero de la infancia

mis pulseras adolescentes.

Pienso en una foto

¿real? ¿imaginada?

Estamos los dos,

Vos muy joven, yo muy niña

un río nos sostiene (¿será el Misky Mayu?)

Me tienes en brazos.

Escarbo esa mirada…

¿qué piensas?

con tus bigotitos

y tu sonrisa

y tu pequeña

y el mundo que está afuera,

abajo, a los costados

pero vos la tienes alzada

me tienes alzada

y nada me alcanza.

Ahora no estás.

No hay brazos

ni miradas

ni manos.

No hay palabras.

Miro la fotografía

¿real? ¿imaginada?

Y me subo otra vez a tus brazos

y te acuno.

Para seguir.

 

Laberinto

Estoy sentada, tejiéndome.

Un ovillo de hilos infinito

me envuelve día a día.

Hilos infinitos de palabras,

de hechos y no hechos,

de esperas y no esperas,

de la nada.

(Un desconocido Teseo

se ha robado mi Ariadna interior)

 

Pulseras

Me gustan las pulseras.

Me gustan las pulseras que suenan,

ésas que tienen dijes que tintinean.

Me gustan las pulseras que suenan,

mejor si son de perlas,

aunque las haya comprado en un negocito

a la vuelta de la esquina.

Me gustan las pulseras de perlas cuando suenan

y acompañan

el ritmo de las teclas de mi máquina,

conjuran, así,

tristezas, angustias,

los miedos…

o disparan inesperadas alegrías.

Me gustan las pulseras que suenan, de perlas,

Porque anuncian mi llegada

y, sin vanidad, 

me/nos protegen de miradas lascivas,

de improperios,

de injusticias, 

de golpes bajos y de los otros.

Me gustan las pulseras de perlas

cuando tintinean

porque detrás de ese sonido, creo,

podemos estar a salvo todas.

 

La mujer de Picasso

Hubiera preferido que no me pintaras

para no ser una imagen congelada

en una tela más de las tantas

que la humedad corroe

y el tiempo termina de aniquilar.

En cambio,

hubiera preferido que me escribieras,

que utilizaras para ello 

la tinta que surge

del íntimo costado de tu cuerpo

cuando está rodeado de la nada.

Hubiera preferido 

que escribieras mi cifra

con letras redondas

en el revés de tu piel

ahí donde muy pocas cosas

-o ninguna-

se borran.

Para existirte, para serte

para tener consistencia en vos,

para que en el impredecible momento

en el que, como dicen,

Todo lo sólido se desvanece en el aire,

Esté allí, con vos.

 

Poesia bilingue

Senza titolo

Un’altra volta

ti sei allontanata da me

Italia mia

Italiapassione

I tuoi confini

si disolvono

nella nebbia dei burocrati.

Ed io, come quasi sempre,

son seduta

sulla spiaggia bianca

della tua dolce lingua.

Aspetto come un esule

che l’antico Virgilo

venga a cercarmi

 

Poesía bilingüe

Sin título

Otra vez te alejas de mí

Italia mia

Italiapasión.

Tus límites

de disuelven

en la niebla de los burócratas.

Y yo, como casi siempre,

estoy sentada

en la playa blanca

de tu dulce lengua,

espero, como una exiliada,

que el antiguo Virgilio

venga a buscarme.

María del Carmen Pilán

Vive en Tucumán, Argentina. Es doctora en Letras. Ha participado en rondas de lecturas de microrrelatos y poesías. Ha publicado sus textos en revistas y blogs. Ha traducido al italiano los microrrelatos de Rogelio Ramos Signes, Julio Estefan y Carlos Eduardo Sánchez que integran la antología La vita in brevi, colección La hormiga escritora, La aguja de Buffon editores. Ha publicado en 2025 su libro de microrrelatos Final de Mito.

 

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