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La otra orilla del cuerpo

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Por Sergio G. Lizárraga.

Refiriéndose a la poética de Hugo Mujica, A. Torres afirma que sus versos son estelas instantáneas que piensan y anuncian, desde alguna parte, que al “otro lado”, en alguna “otra orilla” algo existe. Al leer a Ruth Contreras, es posible sentir que en ese “otro lado” sus versos se anuncian como el agua nueva a la tierra que clama por ella. Sus versos son capaces de ser por ellos mismos una orilla, donde la poesía de Tucumán puede encontrar un puerto seguro de renovación y vitalidad.

Los recursos de Contreras se repiten con intención: el fragmentarismo visual con espacios y barras, esas imágenes que mezclan los sentidos, «cicatrices vegetales» que duelen como lenguas, y un ritmo que atrapa, pero se corta justo cuando se espera la caída. Las preguntas no son retóricas, «¿quién sostiene el azar?» es una manera de pensar, de tantear el mundo. Y la página no es un fondo neutro, los blancos pesan tanto como las palabras, el poema se extiende como un cuerpo que hay que recorrer. Memoria y carne, mujeres y linajes, cada palabra es un gesto que no tiembla.

Los consejos de Rilke al joven poeta encuentran aquí una respuesta, la joven poeta Ruth Contreras demuestra que aprendió a mirar, hasta que lo vivido se transmute en obra.

 

XXII

un remolino —
apenas un pliegue
en la materia del aire
            cicatrices vegetales
que se abren como lenguas
            /enmudecidas/
¿quién sostiene el azar?
¿la curva que insiste en repetirse?
alguien mira demasiado
                 y la mirada se deshace

        (animal que huye)

dios reducido a reflejo
     —a un temblor—
en la epidermis del mundo
nada más queda
que detenerse
             //desposeídos//
                     //desposeídas//
en el borde de la forma
y dejar que la forma
nos contemple

XIV

bailan
     l a s   m o t a s   d e   p o l v o
          sobre nuestros
               c u e r p o s
                       f r a g m e n t a d o s

que buscan abrigo
     al contorsionarse
           y amalgamarse
                 en un rincón

al final
     del
          e s t r u e n d o

                                      ¿a qué sabe
                                    l a   e x t i n c i ó n ?

un aullido
     p r o l o n g a d o
y la lágrima
       t r a s   e l   t e r r o r

          traducen:
      sólo protegemos
       lo que amamos

el mundo viviente
     p a l p i t a
          d e n t r o
               y
                 f u e r a
                       n u e s t r o

XVII

quisiera permanecer
en la zona donde todo se pliega
cuando el pulso encuentra eco
apenas vibración
un intervalo
//ser la fisura mínima//

//ser la fisura mínima//

//ser la fisura mínima//

que ordena lo disperso
la variación secreta en la repetición

abrirme
como tiempo
que cede
que se deja atravesar

mirar, entonces,
es sostener el temblor
de aquello que recién comienza

y habitar ahí
esa duración
donde me descubro siendo
lo que todavía no sabía que era

XX

“A todas las víctimas de feminicidio, y a las sobrevivientes, que nos recuerdan
la urgencia de cambiar el mundo.”

Corear contra esta fiebre de la crueldad
en un intento de dejar de hacer
del hombre
del odio
del daño
—la medida de todas las cosas—

                                      el amor
                                  como
                          canto revolucionario

el silbido de tus pulsaciones en riesgo
     el murmullo del dolor en la oscuridad
las llamas, las bolsas, los descampados
      creo en mis hermanas
creo en sus movimientos incesantes
      creo en sus lenguajes

¿recordará el sol
          las hojas secas
al final del día?

XXIII

en mi pulso
late otra infancia
que no recuerdo

     (células murmurando

    genealogías secretas)

la abuela tejió un nudo
en la médula de mi madre
       y ese hilo
me atraviesa todavía
            soy una?
            soy tres
         un coro minúsculo
de órganos antiguos
cantando a destiempo
                 mis bloqueos
      no comenzaron aquí
son ecos que regresan
     —desde cicatrices prestadas—

escribo
para liberar la voz
que nunca se pronunció
linaje = cuerpo compartido

        (habitado en capas)

palimpsesto de mujeres
escribiéndose en mi sangre
y cada palabra
abre la cerradura
que heredamos

XVII

duele menos
     la caída
cuando del otro lado
     la amortigua
           el mar — amigas —

aparece un hocico
     r e l a m e
          tus malas hierbas

y el vientre
     s e   e n s a n c h a
          como un horizonte roto

a la memoria
     la t e j e m o s
          desde aquel primer impacto

entre mujeres
     entre todas
          entre nosotras mismas

olfateo mundos
     donde la rotura de huesos
          f l o r e c e
                 en a l m e n d r a s

cada grieta
     cada fragmento
          g e r m i n a
                 en la oscuridad

bailo
     entre las sombras
          de los cuerpos
                 y la memoria

Biografía:

Contreras, María Ruth (San Miguel de Tucumán, Argentina). Profesora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. Actualmente, forma parte del equipo pedagógico de la Dirección de Educación Municipal, y se desempeña como docente de Lengua Extranjera Inglés en el Nivel Secundario. Autora del libro Sillage (Falta Envido Ediciones, 2022). Integra la antología Manus: poetas del NOA en lengua de señas (Falta Envido Ediciones, 2025)

 

 

 

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