Por Sergio G. Lizárraga.
Shklovski concibió el extrañamiento en el arte como el efecto de un artificio mediante el cual se consigue la sensación de las cosas tal como son percibidas y no como son sabidas. En estos versos, la poeta se mira a sí misma como si fuera otra, como si su cuerpo fuera una geografía del extrañamiento. Esa dualidad la dibuja con trazos en una extrañeza que no encuentra tregua. En diálogo con una tradición que va de Pizarnik a la poesía del desgarro cotidiano, Weiss no construye símbolos, sino que los encuentra ya rotos en el entorno.
En cada poema, con tono confesional, desarma el dolor y lo convierte en experiencia espiritual, en una fuerza imprescindible para enfrentar la pequeñez de un pulgar o la debilidad de un ventilador, porque en esa realidad de mínimas cosas habita lo que puede resultar insoportable.
Para Shklovski, el arte no nos muestra el mundo como ya lo conocemos, sino que lo vuelve extraño, nos obliga a verlo de nuevo, a sentir su materialidad, su peso, su rareza. En su poesía, Weiss encuentra en lo cotidiano lo inquietante y lo ajeno, porque el mundo se le presenta como si fuera la primera vez, no para maravillarla sino para alarmarla. La poesía es entonces la oportunidad de nombrar lo que se percibe y la posibilidad de salir a la intemperie, aún fracturada.
Poemas inéditos
1
Cosas sin rostro me dicen:
«hay memoria en el alma».
Un vestido extraño se acomoda
sin extrañeza en mi cuerpo,
pesadas telas me envuelven.
Una balsa y mi sola presencia,
quieta
frente a un mar morado.
_ mamá, el movimiento me da náuseas.
Voy a dónde las aguas
me lo permiten.
La sangre salada
es un sabor reconocible.
El cielo tiene suspendidas
formas negras.
Sola
viajo
pero…
me siento observada,
me siento narrada
(burlada).
_ mamá, tengo miedo
de estar acompañada.
Presiento que soy parte
de un cuadro.
Una voz me repara: pintura;
pero yo no sé,
si soy el marco
o la imagen;
no sé, quién lo creó
ni quien lo observa.
Las cosas sin rostro
siguen hablando…
2
Señor, de qué sirve
tener cuarenta (o más) años,
si el mundo aún percibo con extrañeza;
tengo sensibles ideas
que hacen lentos mis pasos;
cada mirada con desdén,
cada palabra hiriente,
mi alma las guarda.
Es un dolor acumulativo.
¿Me haría falta un reloj de arena?
La melancolía es un colibrí,
canta y seduce a mi voluntad.
En la calle robots gigantes
pasan por encima de mí,
sus bolsos y carteras
me golpean;
es inevitable
tropezar, chocar, caer…
La conciencia lucha
por darse lugar,
acelera su objetivo
(si es que lo recuerda);
en el apuro se pasa
varias cuadras.
Conozco las calles
pero no comprendo;
parada en una esquina
los carteles me observan;
soplidos sonoros se apiadan
de mi desconcierto,
giran mi cabeza
hacia un lado
y dirigen mi cuerpo.
3
Dolor
en la zona inferior derecha
de mi garganta;
lastimada
la zona superior de mi encía;
enrojecido
el hueco que quedó
por haberme quitado una raíz;
estropeados
los ojos de tanto ver videos
sin sentido;
temblores
en la acotada conciencia;
el calmante no calmó
nada;
la prótesis se perdió
entre gasas sangrientas;
el ardor y la humedad
del ambiente parecen
el infierno prometido;
y el ventilador apenas
acaricia mis pies.
La cabeza es una zona de guerra
4
El colchón ya no
acomoda
a mi espíritu pesado.
Hay una acumulación de anhelos
amontonados, sobre
este rectángulo deformado.
Es una montaña de visiones
que esperan pacientemente
ser materializadas.
La goma espuma se desarma
con cada perla negra
que derraman
mis ideas.
La tela rajada
no espera ser sanada,
sabe que está
en su última vida.
El olor a podredumbre
desde su centro
se expande,
alcanza mi alma.
5
El pulgar aburrido
se desliza compulsivamente
sobre los videos
de tic- toc;
pierdo el sueño
pero también las ganas;
nada calma el crujir
de la mente,
no para de construir
palabras desatadas
de sentido;
casi por casualidad
apago los ojos,
las imágenes apenas
deformadas en pesadillas
no terminan de desarrollarse;
siempre algún Dios sobreprotector
me rapta y me devuelve
al apego por los estímulos
irreales.
6
A esta altura de mi vida
no me basta una parte
¡Lo quiero todo!
Bailar un tango
mientras coso una herida
Pegarme a un cuerpo
que rinda mis ganas.
Vanagloriarme de mis aventuras
sin medallas ni honores.
Resguardar mis perlas negras
de los arribistas.
Exponer todos mis yo
condensados
entre las luces
que presentan
mi nombre.
Virginia Weiss:
Nació el 14 de noviembre de 1983 en San Miguel de Tucumán.
Es Poeta, Psicóloga social y estudiante de la Lic. en Ciencias Sociales en la U.N.S.T.A.
Participó en distintas antologías de poesía: entre ellas La Antología Federal de Poesía del Noroeste Argentino, por el CFI ( 2017) y las Antología Caballos arriba del techo (2017) y Antología Perfectxs Desconocidxs; (2017), ediciones independientes. Integró las antologías: Voces en Cuarentena (2020); escritos de mujer 1 y 2 (2020- 2021); Poesía Contemporánea Argentina (2021) y Confluencia literaria (2021), de Ediciones del Parque.
Autora del poemario “Como una virgen sin gloria” ( 2021) editado por Inflorescencia.
Coautora del poemario “ Una tinta negra sobre mí pecho”, por ediciones Letras Libres (Jujuy 2026).
Autora de “ Caen perlas negras” (2026), en proceso de edición.
Pertenece al colectivo poético cultural “ Perfectxs Desconocidxs”.


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