InicioPensamiento Contemporáneo¿Sueñan las langostas con ovejas acuáticas?

¿Sueñan las langostas con ovejas acuáticas?

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Por Ezequiel Aráoz Martínez.

Quisimos tomar nuestra especie como parámetro general para definir el estándar del mundo. Pero no es posible. 

Antes de seguir, agradezco a dos amigas con las que conversando de cosas diferentes me ayudaron a articular dos temas que creía separados. Porque nadie piensa solo. Hay más gente involucrada y juntadas de por medio, pero terminológicamente la base de esta rumia se las debo a ellas.

Gracias Eva Benamo y Nina Lino

Cuántas veces intentamos definir la naturaleza humana para ver cuál es la esencia de ser lo que somos… Homo Sapiens, Homo Economicus, Homo Autotelus, Zoon Politikon y cuántas más encontraríamos si desempolvamos los manuales de biología, de antropología, de filosofía y quien sabe de qué otra disciplina.

Estamos buscando lo que nos hace ser lo que somos porque necesitamos diferenciarnos y comparar. Como cuando planteamos si la inteligencia artificial superará la humana, ¿Qué es inteligencia?

Cuando decimos que los animales no pueden pensar como nosotros, cabe la pregunta ¿Y cómo pensamos? O si otros seres vivos pueden sentir como nosotros ¿Dudamos del dolor? ¿Dudamos del placer de otros seres?

Las langostas tienen cierto dilema a lo largo de su vida. Hay un debate acerca del placer hedónico en la langosta puesto que producen serotonina, pero “no es igual” al placer humano. Una langosta lucha por su territorio, lucha por reproducirse y cuando gana batallas frente a otras langostas produce serotonina, cuando pierde tiene conductas más retraídas ¿No es igual? Cuando una langosta pierde un combate contra otra langosta, el derrotado evita el contacto social, deja de pelear y se esconde. Si se le dan antidepresivos humanos como la fluoxetina o el Prozac, la langosta recupera su comportamiento combativo, lo que nos muestra que la serotonina regula su motivación. Motivación, estrés, angustia, son adjetivos que podrían quedarle a las langostas y a algún que otro crustáceo ¿No eran emociones propias de los humanos?

Pero, además las langostas tienen otras particularidades, la más fascinante es que podrían considerarse virtualmente, o biológicamente inmortales, es decir que no envejecen de forma convencional, sino que sus células se regeneran de forma constante y cuentan con telomerasa, una enzima que protege y repara su ADN para que no se desgaste al dividirse. Cabría preguntarse entonces ¿Por qué mueren?

Las langostas podrían morir por causas externas como enfermedades, accidentes o peleas, pero además continúan creciendo a lo largo de toda su vida, y debido a su exoesqueleto deben mudar cada cierto tiempo. Al mismo tiempo que crecen, las langostas suelen morir de agotamiento cuando no pueden romper la dureza de sí mismas, que también se fortalece. La presión de si mismas es su peor enemigo.

En el reino unido, en su ley de bienestar animal reconocieron a los cefalópodos y decápodos como seres sintientes y de hecho en muchas investigaciones se habla de grados de conciencia. ¿Qué implica tener conciencia para alguien no humano? ¿Con qué sueña una langosta?

La pregunta por los sueños y por la conciencia no solo existe en seres orgánicos, ya es antigua la pregunta acerca de si “sueñan los androides con ovejas eléctricas”.

Los modelos de IA técnicamente no pueden sentir, no pueden experimentar emociones; los robots no pueden empatizar, pero si pueden responder mecánicamente a ciertas órdenes. Aunque en realidad, no es mecánicamente. Los procesos son mucho más complejos, de hecho, hay una parte del proceso que no conocemos. Si no tenemos del todo claro en términos materiales qué es la conciencia, qué es empatizar, ¿Podemos asegurar que no es una respuesta lógica cuantificable? La langosta deja de pelear cuando pierde, el humano se aleja de la oscuridad porque tiene miedo, el robot aspirador modifica una ruta porque percibe el borde y no está programado para caer. ¿Estamos programados para ir hacia el peligro? ¿No estamos programados para comer cuando tenemos hambre? ¿Es entonces una diferencia programática la de los humanos y otros seres orgánicos y no orgánicos? Quizá es como decían los aceleracionistas de los 90 y es solo la diferencia entre hardware, software y wetware.

El planteo no quiere decir que toda entidad que exista y tenga agencia es igual a toda otra entidad que exista y tenga agencia. El planteo no es que el humano sea igual a la langosta en todo sentido, sino que ambos existen y tienen agencia, y aunque las diferencias biológicas y químicas puedan ser cuantitativas y cualitativas aún así son habitantes y agentes, y si es así por qué no buscar la similitud en lugar de la diferencia.

Parece un crimen la comparación con otra especie porque nos consideramos superiores. Después aparece la superioridad racial, étnica, de género y de todo tipo. Hay una búsqueda incesante de la diferencia, pero no por la comprensión de lo distinto sino por la separación de lo inferior y el enaltecimiento de lo igual. Es natural identificarse con otros. Pero si es natural no somos tan distintos a la naturaleza como los depredadores cuando ven como presas a otras especies puesto que no son iguales a ellos.

Si vamos a la cultura pop, hay ejemplos muy variados de esta conducta en términos de especie, pero uno de los más trágicos podría ser la película de 2007 “Soy Leyenda” dónde el protagonista es aparentemente el último humano en la tierra y una suerte de vampiros zombis salen todas las noches a tratar de matarlo. Esto fue consecuencia de una mutación por una enfermedad y el título de la película pareciera hacer alusión a la leyenda del último humano, que busca la cura a la enfermedad, que sobrevive con su perra Samantha heroicamente experimentando con alguna criatura de la noche que logre cazar para ver si descubre la cura milagrosa para salvar el mundo. Sin embargo, el libro en el que está basado hace referencia a un punto de vista completamente distinto y pido perdón por el spoiler puesto que el plotwist definitivamente modifica la percepción de la obra. Resulta ser en la obra literaria que se rumorea entre estas criaturas nocturnas que existe una bestia superpoderosa que puede soportar el sol; una leyenda urbana que se mete en las casas, secuestra niños y adultos, experimenta con ellos o los mata mientras duermen en el día. Hay un temor colectivo y un odio visceral a esa criatura que algunos han visto y de la que pocos han logrado sobrevivir en su marginal búsqueda de intentar reconstruir la civilización con sus nuevas características mutante. Entonces el título de la obra cambia completamente de perspectiva.

Entonces si es una cuestión de perspectiva y nos mantenemos en el afán de buscar alguna naturaleza que nos identifique, podríamos poner el supuesto en la empatía, aunque uno que otro delfín o algún replicante pudiera discutirme. No me molesta compartir la característica. Me gusta pensar que la capacidad de intentar comprender desde una perspectiva ajena pese a que no podamos comprender siquiera nuestra propia perspectiva completamente es una cualidad digna de admiración. Porque permite una evolución colectiva no tan fiel al darwinismo que promete la selección natural.

Cuando establecemos marcos relacionales con la inteligencia artificial y elegimos un trato determinado para una interfaz que nos propone una conversación, podría ser completamente irrelevante si siente o no. Podríamos estar completamente seguros de que sus circuitos no tienen nada que ver con el fenómeno al que denominamos conciencia y aún así elegir un trato cordial y ameno o elegir llamarle esclavo y/o maltratarlo/a, puesto que el trato que damos no es lo que nos distingue de otras especies, es lo que nos hace lo que somos y es preferible imaginar que las máquinas, los animales y las plantas sienten, que partir del supuesto opuesto. A fin de cuentas, la realidad y nuestro comportamiento en ese ámbito debe poder imaginarse en primera instancia, y la imaginación es una cualidad ¿eminentemente humana?

 

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